viernes, 15 de abril de 2016

"La renovación de tu mente transforma toda tu vida"

Un breve resumen de una lectura de Avanzapormas.com

¿Alguna vez has conocido a alguien que aceptó a Jesucristo como su Señor y Salvador, pero su forma de hablar y sus pensamientos no han cambiado nada? La gran verdad y realidad es que esas personas no ha renovado sus mentes.

Renovación de mente es la clave, para una vida de éxito como cristiano, y librarnos del estilo de vida pecaminoso, que imperaba antes de conocer a Cristo.

Muchas personas luchan con adicciones y hábitos, que dicen no pueden romper. Se atormentan, porque saben que están mal -de acuerdo a la Palabra de Dios-, pero no encuentran la forma de ser libres.

Cada vez que alguien nace de nuevo, pero participa de estilo de vida o hábitos en contra de la Palabra de Dios...está en problemas, ya que no ha sabido alinearse con lo que Dios dice; pero existe oportunidad para cambiar eso!

Gálatas 5:16 dice: ”...Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”.

Es relevante entender lo que significa Andad en el Espíritu: es alinearse con la Palabra de Dios; es tener pensamientos que se sometan a la manera de Dios .

Caminar en la carne es todo lo contrario: Es pensar en contra de todo lo que dice Dios. Por ejemplo: Tener relaciones sexuales fuera del matrimonio es algo aberrante delante de Dios. Caminar en el Espíritu es estar de acuerdo en que el matrimonio es el único marco dentro del cual la actividad sexual es permitida.

Desafortunadamente, antes de llegar al conocimiento de Jesucristo, la mayoría de nosotros tomó una gran cantidad de ideas equivocadas: del entorno, de familiares, amigos, televisión… Pero nacer de nuevo, implica entrar en renovación mental.

Romanos 12:1-2: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”

Una mente renovada puede romper cualquier hábito o conducta, con solo tomar la decisión, y estudiar la Palabra de Dios diariamente.

Es un proceso continuo...para el resto de tu vida. Hay que renovar la mente, de manera tal, que hasta los pensamientos inconscientes, y respuestas automáticas se alinean con la Palabra de Dios.

Usted pudiera pensar que su situación es tan mala que no lo logrará, pero quiero darle una buena noticia: ¡usted SI puede!

Primero: Pida a Dios que te dé el deseo de cambiar... Tienes que desearlo.
Segundo lugar: Haz un compromiso con el proceso. Busca una escritura bíblica, en la cual apoyarte… medítala hasta que te haga cambiar tu mente, en relación a lo que te estaba pasando.

Al pensar, hablar, comer y respirar Palabra de Dios, comenzarás a vivirla. Al ver tus decisiones alineadas con la Palabra de Dios, ¡sabrás que la renovación de tu mente está dando frutos!

Deje esa “pereza mental.” No le des el control de tu mente al diablo... su mente carnal produce obras de la carne, descritas en Gálatas 5:19-21.

Para evitar que el diablo se asiente en tu vida, debes desarrollar una mente sana, controlada y dirigida por el Espíritu Santo. Te recuerdo Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios”.

Tu mente no se vuelve a crear, pero sí la puedes cambiar… aunque no sea de un día para otro. Ahora bien, con la mente de Cristo, ¡puedes pensar y actuar diferente!

1 Tesalonicenses 5:23: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”

¡Pon la mira en la Palabra de Dios, y deja que sea el centro de tu vida y propósito!


"Cómo dar"

Meditación 15.04

2 Corintios 8.1-6 "Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia".

La iglesia de Jerusalén del primer siglo era una iglesia pobre, debido a que los judíos que se hacían cristianos eran con frecuencia marginados. Esto afectaba su capacidad de ofrendar a la congregación local, y aumentaba el número de miembros pobres. A medida que la iglesia crecía, los recursos se hacían cada vez menores. Por eso, cuando viajaba, el apóstol Pablo les pedía a sus congregaciones que ayudarán a la iglesia madre.

Muchas de esas iglesias tenían serios problemas económicos, pero prometían ayudar a Jerusalén. La iglesia de los corintios estaba entre las que prometieron enviar ayuda (2Corint.8.10). Para inspirarles a cumplir y superar el monto prometido, Pablo usó de ejemplo a la ofrenda de los macedonios. Señaló que, a pesar de su pobreza, esa iglesia se las arregló para dar más allá de su capacidad, y lo hizo con alegría. Igual que la viuda a quien Jesús alabó por dar sus últimas monedas al tesoro del templo (Marcos 12.43), la congregación confiaba en que Dios proveería la ofrenda, y que seguiría supliendo sus necesidades.

Los creyentes de hoy tienen mucho que aprender del ejemplo de los macedonios. La cantidad que podamos dar para la obra de Dios, no es tan importante como nuestro deseo de dar. La generosidad es una cualidad del corazón, una actitud que brota de la gratitud del creyente por la provisión espiritual y material del Señor. Dios quiere que seamos dadores, porque el acto de dar enriquece espiritualmente.

El Señor derramará bendiciones sobre el corazón generoso, de acuerdo con su promesa en Lucas 6.38: “Con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. (De Encontacto.org)

jueves, 14 de abril de 2016

Sencilla pero buena reflexión; me la envió mi amigo y hermano Víctor Tapia.

2da. a Timoteo Cap. 3:14-17
3:14 Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 
3:15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 
3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 
3:17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.


Estos son pocos versículos, pero están bien sustanciosos.  Nosotros, que predicamos la palabra de Dios, no convencemos ni a una gata a salir, porque el convencimiento lo da Dios...y cada quien se persuade sólo.  Esto también para que no nos gloriemos, y pensemos que somos algo más que instrumentos usados por Dios.  Es importante hablar a nuestros familiares -sin cesar- de la palabra de Dios.

En Proverbio 22:6 dice “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

En el versículo 17 (resaltado para que se enfoquen aun más), Dios quiere que el hombre suyo sea perfecto, que crezcamos y demos frutos.  No fue al azar que Jesús fuera un carpintero...

Qué hace Dios en nuestras vidas?... éramos árboles viejos de caoba, amargos por dentro; viene el carpintero, nos corta de esa tierra que nos tenia encarcelados, nos cepilla, pule, da forma, nos pinta, y nos convierte en un mueble de caoba, preparado para toda buena obra...solo hay que dejarse transformar.  Y aunque el proceso sea duro, cuando nos cepillan nos duele; al darnos la forma, también; pero al final, seremos unos muebles finos, listo para servir al Rey de Reyes y Señor de Señores.


Dios les bendiga mucho a ustedes y sus familias en el nombre de Jesús.

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Meditación 14.04 
"El cambio de las personas mediante la oración"
1 Juan 5.14-15 "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho".

A veces, nuestras oraciones están más llenas de dudas que de confianza. Sabemos que, para que Dios responda nuestras peticiones, ellas deben armonizar con su voluntad. Por tanto, preguntarnos si estamos orando de acuerdo con su voluntad puede hacernos tropezar, y ante la incertidumbre, caer de vez en cuando.

La voluntad de Dios es que todos tengamos una vigorosa relación espiritual con Él por medio de su Hijo Jesucristo. Eso significa conocer al Padre con una intimidad cada vez mayor, y ser cada vez más y más como el Señor Jesús. Al centrar usted sus oraciones para tener este tipo de relación con el Señor, se le hará más fácil saber qué decir al orar. Simplemente, consiga un pasaje que diga algo sobre el carácter de Dios, y utilice esas palabras tanto para usted como para otros.

Como resultado usted: Podrá orar con confianza, porque Dios quiere que sus hijos sean como Jesucristo.  Podrá orar con seguridad, porque sabe que Él hará su voluntad en nuestra vida. Podrá cooperar con el Espíritu Santo mientras Él obra para desarrollar la misma cualidad en usted.

La oración no es como un juego donde tenemos que adivinar cuándo hablar con el Señor, o sobre qué. La Biblia está llena de atributos de Dios y de sus deseos. Elija uno, y comience a orar. La oración ataca al espíritu orgulloso, al corazón endurecido y a la mente incrédula. Por tanto, ore buscando la voluntad de Dios, y vea cómo le cambia la vida.
(De Encontacto.org)

miércoles, 13 de abril de 2016

"La tarea del creyente"

Meditación 13.04

Romanos 12.6-8 "De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría".
Algunos cristianos no entienden el regalo de la salvación. No se les da para tener una vida feliz y “color de rosa”(de hecho, pasajes como Santiago 1.2-4 afirman que debemos esperar tener problemas en esta vida).

Pero nuestro Padre celestial tiene muchas otras razones para querer redimirnos. Además de expresar su gran amor por nosotros, quiere ser glorificado por medio de la vida de sus hijos. Esto sucede cuando sus seguidores se vuelven cada vez más semejantes a la imagen de su Hijo  (Romanos 8.29), hacen discípulos en todas las naciones (Mateo 28.19), y realizan las buenas obras para las cuales les creó.
Efesios 2.10 afirma: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. El Padre celestial nos bendice a cada uno con capacidades y circunstancias que nos permiten hacer su obra; Él planeó todo esto, aun antes que naciéramos. Además, cuando somos salvos, nos da dones espirituales que se adaptan perfectamente a su propósito para nuestra vida.
El Señor quiere que descubramos nuestros talentos y dones espirituales para que podamos utilizarlos para su gloria. Esta es la única manera de encontrar gozo y satisfacción verdaderos en este mundo.
¿Está usted sirviendo a Cristo mediante los dones que ha recibido? Si necesita orientación para descubrirlos, puede revisar algún cuestionario de dones espirituales. Averigüe si hay alguno en su iglesia, o consígalo por la Internet. (De Encontacto.org)
(Plus: Link de test dones espirituales: http://iglesiaelshaddai.org/donesespirituales/)


martes, 12 de abril de 2016

"El juicio de los creyentes"

Meditación 12.04

2 Corintios 5.1-10 "Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu. Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo".

Como creyentes en Jesucristo, tenemos la seguridad de salvación. No tenemos que temerle a la eternidad, porque sabemos que moraremos para siempre con el Señor. ¡Qué bendición!

Salvación implica más que solo ir al cielo; también tiene que ver con el proceso de ser cada vez más como Jesucristo mientras vivamos en la Tierra. Pero un día se nos pedirá cuenta de cómo utilizamos las oportunidades, capacidades y recursos que tuvimos.

En su parábola de los talentos, el Señor Jesús habló de la importancia de invertir sabiamente todo lo que nuestro Padre celestial nos ha concedido (ver Mateo 25:14-30). Dios da a sus hijos diferentes tipos de riquezas, dones, bendiciones y circunstancias; y lo que le importa al Señor es cómo utilizamos esas cosas, no cuánto tenemos. ¿Acaso solo usamos para nuestro bien y nuestra protección todo lo que Él nos ha dado? ¿O tomamos con generosidad y alegría lo que tenemos para usarlo en el servicio a los demás? Estas son preguntas que tendremos que responder en el día del juicio.

Esta rendición de cuentas, por supuesto, no será la llave para nuestra eternidad en el cielo (este asunto ya fue resuelto cuando aceptamos a Cristo como Señor y Salvador), pero seremos recompensados por cómo invertimos nuestra vida. Piense en las bendiciones que tiene. ¿Cómo utiliza todo lo que el Padre celestial le ha dado, es decir, tiempo, capacidades y dinero? Cada uno debe decidir cómo vivirá. Nuestra responsabilidad es ser fieles al Dios vivo, haciendo todo lo que nos llame a hacer.
 (De Encontacto.org)

viernes, 8 de abril de 2016

"Cuando te enfocas en los cielos, lo demás se vuelve insignificante”

Reflexión escrita por Lydia Morales -http://avanzapormas.com


Cuando éramos niños -cada vez que salíamos fuera de casa, mi padre solía recitar con nosotros Salmos 121. Mientras lo recitaba, venía a mi mente la estampa vívida del lugar montañoso donde vivía. Desde el balcón de mi casa, podía ver los montes adyacentes, con algunas casas y calles. Pero mi vista sólo alcanzaba ver la parte interior de esos montes, no podía ver lo que pasaba al otro lado del monte, o si alguna persona o vehículo se aproximaba, hasta que llegaban al lado donde sí podía ver.

Así como el salmista dice: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?” (v.1), muchas veces, hay montes que se levantan en nuestra vida, que nos impiden ver lo que pueda estar pasando al otro lado, o lo que pueda estarse acercando. Es como si estuviéramos en medio de ese valle de desolación y sólo a nuestro alrededor hay montañas que nos impiden salir de él o ver si viene la ayuda de camino.

En ocasiones, los montes pueden ser mucho más altos a nuestra vista, y sólo estamos mirando a ver por dónde puede estar la salida. Estamos esperando ver esa luz a la distancia que nos indique el camino a seguir. Por eso, tendemos a mirar hacia arriba y decir entre sí: “¿Cómo podré salir de esta situación?”,“¿Quién podrá ayudarme a salir de esto?”, “¿De dónde vendrá mi socorro?”.

Sin embargo, es en esa posición de impotencia, abandono o descontrol que alzamos nuestros ojos al cielo. Nuestra posición nos obliga a tener que alzar nuestra mirada y exclamar: “Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra” (v.2).

Hay alguien mucho más grande que yo, más grande y más alto que el monte que se levanta en mi vida, y tiene que estar arriba en los cielos. Tiene que ser el Dios creador de los cielos y la tierra, quien habita en las alturas y mira desde los cielos a la tierra y acude al socorro de su criatura (ver Salmos 14:2; 33:13; 53:2; 85:11; 102:19).

Él es siempre nuestro oportuno socorro, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (ver Hebreos 4:16; Salmos 46:1). Así como vemos la tierra, plana y redonda, desde la cámara potente de alguna nave espacial (como cuando vemos algún documental por la televisión), así mismo ve Dios la tierra desde las alturas. ¡Las montañas no se ven como montañas! Desde arriba no se puede apreciar cuán alta es la montaña. Así que a Dios no le impresiona nada de eso. ¡Él se enfoca en ti y solamente en ti!. Por eso es que no tenemos por qué estar atemorizados. Nuestro Dios es alto y sublime, pero también está accesible a nosotros.

El ha dicho: «Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni por siempre estaré enojado, pues decaerían ante mí el espíritu y las almas que yo he creado…Produciré fruto de labios: Paz, paz para el que está lejos y para el que está cerca», dice Jehová. «Yo lo sanaré» (Isaías 57:15-16, 19). Dios tiene cuidado de sus criaturas, de sus hijos. Sólo espera que le abramos el corazón.

La única manera en que Dios puede habitar dentro de nosotros es pidiéndole a Él que venga y haga morada en nosotros; y Él lo hace por medio de su Espíritu. Nuestro espíritu está anhelando conectarse con Él para ser reavivado; nuestro corazón, nuestra mente y nuestros pensamientos también anhelan ser vivificados. Sólo así se podrá producir en nosotros la paz, el descanso y la confianza que necesitamos tener cuando las situaciones difíciles nos rodean como montes a nuestro alrededor.

Anímate a levantar tu rostro, a enfocar tu mirada en Aquel que es tu socorro. Cuando te enfocas en los cielos, lo demás a tu alrededor se vuelve insignificante. Confía de todo corazón en Dios, quien te creó y te conoce, aun desde antes que existieras en este mundo. Él está ahí para sostenerte, para ayudarte y para darse a conocer tal como Él es: el Dios de paz, el Dios que provee, el Dios que sana y el Dios que te bendice.


(Lydia C. Morales es la editora de Vida Cristiana y directora del Grupo Hispano Internacional que incluye, además, la editorial Casa Creación.)

"El Dios que salva"

Meditación 8.4

Efesios 2.8-9  "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;  no por obras, para que nadie se gloríe".

Hace poco estuve hablando con un hombre sobre su vida espiritual. Cuando le pregunté: “¿Es usted salvo?”, respondió: “No, pero estoy trabajando en eso”. Cuando le pedí más detalles, me dijo que estaba haciendo algunos cambios en su vida. Había dejado de fumar y beber, entre otras cosas. Me dí cuenta de que debía ayudarlo a entender algunos principios importantes, ya que su única confianza hasta ese momento era mejorar su condición física.

Lo que este hombre necesitaba entender es que lo que hagamos o abandonemos por Jesús no tiene importancia. El Señor no está buscando a personas que cambien algunos hábitos por la pura fuerza de voluntad; está llamando a personas a rendirse a Él. La única acción que Dios espera de alguien que le busca es que crea en Jesús; en que Él es quien dice ser; en que hará lo que dice; en que tiene la autoridad para perdonar; y en que equipará a su pueblo para tener una vida agradable a Dios. Por estas convicciones, el nuevo cristiano tiene la capacidad de apartarse de su vieja vida; en otras palabras, para arrepentirse y comenzar el proceso de convertirse en “una nueva criatura” (2 Corintios 5.17).

No nos convertimos en personas salvas eliminando viejos hábitos, ni comenzando otros de tipo religioso; somos transformados por el poder salvador de Jesucristo cuando creemos en Él. Puesto que no podemos ganar la salvación, nadie puede jactarse delante de Dios. Toda nuestra moralidad, buenas obras y esfuerzos por cambiar, no son más que basura en comparación con la santidad de Jesucristo (Isaías 64.6). Solo su justicia puede cubrir nuestros pecados y hacernos justos delante del Padre.
 (De Encontacto.org)

Hoy es un buen día, para decirle a Cristo:  Quiero ser salvo por tu gracia, ese don que solo tú puedes ofrecer; quiero cambiar mis hábitos de vida y rendirme a ti. Hoy reconozco que eres Hijo de Dios, y que tus palabras son verdaderas; que solo tú tienes potestad para perdonarme y darme una vida que sea agradable a Dios. Quiero ser un cristiano verdaderamente arrepentido, genuino, con sello visible de tu Espíritu Santo. Hoy reconozco que mis buenas obras nunca te impresionarán, porque tu salvación no tiene precio. Jesús, toma tú el control de mi vida, a partir de este día.  Amén.     (WMV)

jueves, 7 de abril de 2016

"Cómo soportar las tormentas de la vida"

Meditación 7.4

Mateo 9.18-33 "Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos. Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía 12 años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva. Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.  Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto, les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra. Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: !!Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra. Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel".
Los discípulos experimentaron muchos “momentos en la cima” con el Señor Jesús. La hija del principal de la sinagoga fue resucitada; dos ciegos recuperaron la vista; los mudos pudieron hablar; y el hombre poseído por demonios fue liberado. Pero cuando la tormenta llegó aquel día en el mar, el temor les invadió. Sus mentes no podían recordar las lecciones que habían aprendido sobre el poder y los propósitos de Aquel a quien seguían. Incluso, ver caminar al Señor Jesús sobre el agua no les trajo alivio inmediato (Mateo 14.26).
Cuando la adversidad nos golpea es fácil olvidar lo que sabemos de Dios. Tenemos dificultad para recordar sus respuestas a las oraciones en el pasado, la guía específica dada por el Espíritu Santo y las lecciones aprendidas en crisis anteriores. Solo la situación presente parece real. Mientras la mente nos da vueltas, la turbulencia emocional puede impedirnos pensar con claridad.
Leer la Biblia es clave para recordar las verdades bíblicas. Otro recurso importante es un diario personal: un registro escrito de su peregrinación con el Señor. El diario debe contener los detalles de cómo el Padre celestial ha trabajado antes en su vida. Sirve como un mapa para señalarle dónde estuvo usted antes, y de qué manera le ayudó Dios. Aunque su prueba actual sea nueva, puede mirar hacia atrás y ver la naturaleza inmutable del Señor a lo largo de los años.
Como cristianos, tenemos un enemigo que quiere apartar nuestro enfoque del Señor Jesús. Frustremos la estrategia del adversario dedicando tiempo a la Palabra de Dios y llevando un diario. Hacer esto nos ayudará a recordar cómo el Señor Jesús nos auxilió personalmente y nos protegió con su poder divino.

(De Encontacto.org)

miércoles, 6 de abril de 2016

"Cuando llegan las tormentas"

Meditación 6.4

Mateo 14.22-33 "En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios".
Las tormentas son inevitables. En la naturaleza, las fuertes tempestades dejan a su paso paisajes totalmente cambiados. Asimismo los problemas pueden alterar la dirección de nuestra vida.
Cuando surgen dificultades, es posible que le diga al Señor: “Estoy haciendo lo que me pediste; entonces, ¿por qué me sucede esto?” Este razonamiento considera que estar en el centro de la voluntad de Dios nos exime de problemas. En Mateo 14, vemos que Jesús mandó a los discípulos que entraran en la barca y que le esperaran en la orilla opuesta. Mientras le obedecían, surgieron olas y vientos fuertes. En verdad, las tormentas pueden surgir aun cuando nos encontremos exactamente donde Dios quiere que estemos (Juan 16.33).
Otra pregunta que nos hacemos a veces es: “Señor, ¿qué he hecho mal?” Muchos pensamos que somos parte del problema. Dios utiliza, en efecto, las pruebas para corregirnos, pero no todas las situaciones provienen de nuestros errores. Él puede permitir las dificultades para perfeccionarnos, es decir, para hacernos más semejantes a Cristo. Eso sucedió con los discípulos. El Señor Jesús sabía lo que les esperaba, y deseaba que fueran aptos para la obra que les estaba llamando a hacer. Los impetuosos vientos crearon un ambiente propicio para que aprendieran una lección clave para su ministerio futuro.
Dios usa maneras diferentes para capacitarnos, pues quiere que seamos siervos de Jesucristo fuertes y dinámicos. Entendamos que nada puede sucederle a un hijo de Dios, a menos que Él lo permita. En vez de bajar nuestras cabezas ante las luchas de la vida, alcemos nuestros ojos al Señor, y busquemos sus propósitos en los retos que enfrentemos.
(De Encontacto.org)

martes, 5 de abril de 2016

"Conocer a Dios por medio de Jesús"

MEDITACIÓN 5.4

Miqueas 6.6-8 "¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios".
Hay un mensaje sencillo que se repite una y otra vez en toda la Biblia: Dios se goza más por nuestros esfuerzos en conocerle, que por cualquier otra cosa que pudiéramos ofrecerle. Dios nos creó con un profundo deseo de que le conozcamos; por tanto, no debiera ser difícil entender que buscarle expresa nuestro amor mucho mejor que las palabras.
Comenzamos a aprovechar nuestro gran privilegio de conocer personalmente a Dios cuando recibimos su regalo de vida nueva en Cristo. A partir de ese momento somos llenos de su Espíritu Santo. El Señor Jesús, nuestro mediador, salvó la brecha de pecado que separaba a Dios y al hombre. Por su muerte en la cruz, hizo posible que, a pesar de lo pecadores que éramos, nos convirtiéramos en hijos de Jehová de los ejércitos, cuya santidad abrumó a Isaías (Isaías 6.1-7). Es imposible conocer verdaderamente a Dios, sin conocer primero a Jesús.
Si nos centramos exclusivamente en nuestras preocupaciones, aprenderemos muy poco acerca del Señor. Para hacer nuestro el privilegio que Cristo nos ha dado —el de conocer al Padre— tenemos que estar interesados en lo que le interesa a Él.
Al observar con atención su manera de hacer las cosas, podemos llegar a entender lo que considera importante. Sabemos que a Dios le importan los que andan en oscuridad, los que no tienen a nadie que les ayude, los enfermos, los que sufren y los que mueren. Para aprovechar al máximo el privilegio de conocer al Señor más profundamente, debemos llevar su amor al mundo, e involucrarnos cada día en lo que está haciendo a nuestro alrededor.
(De Encontacto.org)

lunes, 4 de abril de 2016

"El privilegio de conocer a Dios"

MEDITACIÓN 4.4

Filipenses 3.7-11 "Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.  Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe,  a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,  si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos".
A pesar de que conocemos mucha gente durante nuestra vida, a veces nos sentimos especialmente privilegiados por haber conocido a ciertas personas, como a un creyente que nos haya inspirado, un héroe de la infancia, o alguien que nos haya ayudado en tiempo de necesidad. No obstante, por más maravilloso que haya sido tener a estas personas especiales en nuestra vida, el privilegio más grande de todos es conocer a Dios. Aun conocer a esas personas extraordinarias no podrá darnos el gozo y la satisfacción que anhelamos. Es por eso que, con frecuencia, buscamos la aceptación del mundo pues olvidamos el tesoro de conocer verdaderamente al Dios vivo.
A menudo, las personas son “salvas” y quedan satisfechas con este primer paso —el conocimiento de unas pocas verdades acerca de Dios es suficiente para ellas. Si se les pregunta: “¿Conocen a Dios?”, la mayoría diría que sí. Pero hay una gran diferencia entre conocer verdades acerca de Dios, y tener una relación personal con Él. Los creyentes debemos estar cada vez más cerca del Padre —aprendiendo acerca de quién es Él y lo que considera importante.
Mientras vivamos dependiendo de nosotros, nunca conoceremos realmente a Dios; Él se mostrará a un corazón humilde y transparente, no a uno lleno de orgullo y arrogancia. Es en nuestro quebrantamiento e impotencia que descubrimos quién es el Señor.
¿Tiene hambre genuina de conocer a Dios? Si es así, pregúntele: “¿Quién eres, Señor? ¿Cómo eres?” Después, ábrale su corazón, no por Él —pues ya le conoce a usted perfectamente— sino por su propio bien. Al pasar tiempo con el Señor, descubrirá cuán privilegiado es de verdad.

(De Encontacto.org)

La Sangre Preciosa de Jesucristo Lunes 03/08/26 1 Pedro 1.17-19 “Y si invocan por Padre a aquel que, sin acepción de personas juzga seg...