Mateo 5.43-44 “Oíste que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo digo: Amen a sus enemigos, bendigan a los que les maldicen, hagan bien a los que les aborrecen, y oren por los que les ultrajan y persiguen”. Amén.
Si reaccionamos solo
según nuestros impulsos naturales, seríamos amables con quienes son
amables con nosotros, y vengativos con quienes nos hacen daño. Esa
es la naturaleza humana.
Lo
bíblico es amar incluso al enemigo.
Eso fue lo que vivió y enseñó Jesús. Nos amó lo suficiente como para
morir por nosotros, aun siendo pecadores. Ofreció su amor sin esperar
que lo mereciéramos.
Al reaccionar ante
la hostilidad con amor, sucede algo extraordinario: agradamos al Padre, lo
que nos da gozo, paz y satisfacción profunda. También, vemos cómo Dios obra en
la relación, haciendo que los corazones se ablanden, llegue la reconciliación,
y nos parezcamos más a Cristo.
Por demás, se
produce transformación interior. Y el Espíritu Santo obra en nuestro ser,
permitiendo que el amor divino fluya a través de nosotros, de maneras
que no podríamos por nosotros mismos.
Amar
a las personas difíciles es un reto que
todo cristiano debe pasar con 100.
Feliz día.
¡Dios te
bendiga!
Evangelista
Wilda Messina
(Referencia:
En.Contacto)