Daniel
6.16, 19-22 “El rey mandó que trajeran a
Daniel, y le echaron en el
foso de los leones. El rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú
continuamente sirves, Él te libre. 19El rey, pues, se levantó
muy de mañana, y fue apresuradamente al foso de los leones. 20Y
acercándose llamó a voces a Daniel con voz triste; le dijo: Daniel, siervo del
Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha
podido librar de los leones? 21Entonces Daniel respondió al
rey: Oh rey, vive para siempre. 22Mi Dios envió su ángel, el
cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño,…”. Amén.
Daniel supo
vivir fielmente para el Señor. Su
reputación, integridad y piedad fue ganada a lo largo de su vida. Hoy
lo vemos enfrentando una situación peligrosa: el foso de los leones.
Siempre nos
enfocamos en Daniel y los leones, pero no está de más ver el proceder
del rey.
Pese a
haber firmado la ley creadora del problema de Daniel, Darío estaba tan impresionado con él, que intentó salvarlo.
Al no poder revocar el edicto, hizo declaración de confianza en el Señor:
“Tu Dios, a quien sirves, Él te librará” (v16).
Nuestra
devoción genuina por el Señor debe llevar a otros a confiar en Él. No se trate de servir al Señor por compromiso o conveniencia; o
ser fieles mientras estemos seguros, sin riesgos, rechazos o críticas. Nuestro testimonio puede atraer a otros al
Señor Jesús, o alejarlos.
Pongamos
en práctica nuestro real compromiso con Cristo, sea en privado o en público. Nuestra integridad inspirará
a otros a desear conocerle.
Feliz día.
Dios te
bendiga.
Evang.
Wilda Messina
(Referenc.
En.Contacto)