1 Tesalonicenses 5.18 “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Amén.
¡Existe un poder grande en dar gracias a Dios! Si algo te hizo sonreír al levantarte, fue Dios
obrando a tu favor. Si somos salvos de condenación eterna, sólo nos
queda darle gracias a Dios.
Cuando somos agradecidos, el Señor se regocija con
nuestra vida. Que no
haya en nosotros razones para ser ingratos. Sin importar qué luchas o pruebas estemos
pasando.
Aprende a decir como José: Pensaron
mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien (Gén.50:20). Es
ahí cuando más tenemos que agradecer y alabar a Dios. Dar gracias es obediencia.
Si no te es fácil ser agradecido, tampoco te será fácil seguir
la voluntad de Dios.
La ingratitud es esencia de un corazón no restablecido. Habiendo
conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias,
sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón
fue entenebrecido (Rom.1:21).
En la gratitud reconocemos la soberanía de Dios: Y le afirmamos como la fuente máxima de bendición.
En Lucas 17 vemos que Jesús sana a 10 leprosos, solo uno supo
glorificarle… ¡No pases por alto ser ese uno!
¡Si has visto este nuevo día, es Dios quien te lo ha permitido! Se
agradecido.
Yo, a toda voz, hoy deseo decir: ¡Gracias, mi Dios!
Feliz día. ¡Dios te bendiga!
Evang. Wilda Messina