Proverbios 15:3 “Los ojos de Dios están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos”. Amén.
La vida cristiana no consiste en aparentar perfección, es caminar en
sinceridad delante del Señor, reconocer las debilidades, confesar
los pecados y permitir que Cristo transforme La vida.
La hipocresía puede llevar a mayor preocupación por lo que otros piensen,
y muy poco por lo que Dios piense. Pero llegará el día en que toda
apariencia desaparecerá, y estaremos delante de Aquel que conoce absolutamente
todo.
Una pregunta para meditar: ¿Soy, delante de Dios, la misma persona
que aparento ser, ante los demás?
Quizás tienes algunas luchas internas, que has aprendido a
esconder. Pero Dios ya las conoce. Y lo maravilloso es que Él no
nos invita a escondernos, sino a acercarnos a Él.
Si hay pecado, podemos confesarlo. Si hay heridas, podemos
entregárselas. Si vivimos de apariencias, podemos pedirle al Señor un
corazón íntegro.
Dios no busca personas que aparenten ser perfectas; busca corazones rendidos a Él. Podemos decirle
hoy: “Señor, examíname, muéstrame lo que no te agrada. Límpiame,
transfórmame y ayúdame a vivir auténticamente delante de Ti”.
Delante de Dios, la verdad del corazón siempre será más importante que
la apariencia exterior. ¡Seamos un verdadero reflejo de Cristo, sin
nada de hipocresías! Seremos altamente bendecidos.
Feliz día.
¡Dios te
bendiga!
Evangelista
Wilda Messina