Romanos 8.1-2 “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”. Amén.
El amor del Padre celestial es tan grande que nunca lo comprenderemos
por completo. Es
un amor constante y eterno. Aunque nuestros sentimientos pueden llevarnos
a dudarlo.
Cuando cometemos errores, viene nuestra lejanía de Dios, y nos cuestionamos
si Él se preocupa por nosotros. Aunque fallamos y fallamos, Dios nos
sigue amando, y espera para restaurarnos. No hay condenación para
quienes estamos en Cristo.
Dios sabe usar la disciplina para realinearnos con Él. Permite vivir las consecuencias de
nuestro pecado, pero con la oportunidad de no condenarnos eternamente.
Todo lo que puede ser usado en nuestra contra, Dios lo colocó sobre Jesucristo en la cruz, para
redimirnos de cualquier pecado.
Jesús tomó nuestro lugar, para que fuéramos libres de ir
a parar al infierno eternamente. Y, desde entonces, nos salva, sana, levanta, renueva,
restaura…; con el gozo de conocer a Dios, y experimentar su presencia
por la eternidad.
Una excelente noticia es: Todo lo que puede ser usado para condenarte
delante Dios, fue puesto sobre el Señor Jesucristo en la cruz. ¡Acepta su especial regalo!
¡Dios te bendiga!
Evang. Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)