Juan 13.4,5,13 “Mientras estaban comiendo, Jesús se levantó, se quitó el manto y se ató una toalla. Luego echó agua en un recipiente, y empezó a lavar los pies a sus seguidores…Ustedes me llaman: “Maestro” y “Señor” y tienen razón, porque lo soy”. Amén.
En el antiguo Israel, caminar con sandalias ensuciaba mucho los pies.
De ahí que, al entrar a una casa, se quitaban esas sandalias y se le limpiaban
los pies. Era un trabajo humilde, que generalmente hacían
los siervos.
Imagínese la sorpresa de los discípulos cuando el Hijo de Dios asumió el papel de un
humilde siervo, y se arrodilló para lavarles los pies. Pero ninguno de
ellos se ofreció a hacerlo.
El Señor Jesús hizo más que satisfacer una necesidad; ofreció una
lección práctica: “Ejemplo he dado, para que, como yo he hecho,
lo hagan también ustedes” (vs.15).
El Señor quiere que estemos dispuestos a humillarnos para servir a los demás. Busca hombres y
mujeres que dejen de lado el orgullo, el estatus social y el poder, dispuestos
a hacer lo que sea necesario, donde sea necesario, y para quien lo necesite.
Jesús lavó pies sucios, para mostrarnos que cada tarea, por más
“humilde” que sea, es importante para su Reino. Servir con humildad a los demás glorifica
a nuestro Salvador. Esperando que hayas entendido esa gran lección.
Feliz día.
¡Que Dios te bendiga!
Evang. Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)