2 Timoteo 2.23-26 “Desecha las cuestiones necias e insensatas,
sabiendo que engendran contiendas. El siervo del Señor no debe ser
contencioso, sino amable con todos, apto para enseñar, sufrido; con
mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda
que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos…”. Amén.
A veces,
el chisme parece inofensivo, pero tiene gran poder para lastimar y dividir.
Inclusive, aún la víctima no se entere. Pudiera
verse como algo inocente, especialmente si se compara con transgresiones “mayores”.
La Biblia incluye el chisme o murmuración junto con muchos otros pecados.
Veamos
a Romanos 1.28-32… “Como
ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, los entregó a mente
reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de
injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; envidia, homicidios,
contiendas, engaños y malignidades; murmuradores,
detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores
de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto
natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el
juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte…”.
Quienes
propagan habladurías están revelando su pensamiento interior. Es que de la abundancia del corazón habla la boca (Mat.12.34).
La
lengua chismosa está motivada por celos,
resentimientos u orgullo. No prestemos nuestros oídos, tampoco nuestros
labios, al chisme. Nada en el chisme
es inofensivo.
¿Qué
hacer al oír chismes? Pedirle
a Dios que nos proteja, nos aparte, y traiga convicción de pecado al
chismoso.
Feliz día. ¡Dios te bendiga!
Evangelista Wilda
Messina
(Referencia: En.Contacto)