Salmos 145.1-4 (PDT) “Te alabaré mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre, eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré y alabaré tu nombre, eternamente y para siempre. Grande es el SEÑOR y merece ser alabado; su grandeza sobrepasa todo entendimiento. Tus obras serán festejadas de generación en generación; siempre se hablará de tus poderosos hechos”. Amén.
¿Encuentras que la paz viene naturalmente o es una lucha alcanzarla?
¿Has visto como hay momentos en que parece que todo conspira contra
nuestra paz, y el espíritu nunca encuentra descanso? Es cuando se hace
necesario silenciar las distracciones para poder escuchar la voz de Dios.
Aunque pienses que la meditación no sirve en la vida de un cristiano,
la verdad es que no se trata de escucharse a sí mismo; es aquietar
la mente y prestar atención a los susurros del Señor.
Piensa en tu vida de oración: ¿qué voz es superior, la tuya o la del Padre
celestial? Aparte de hablar, agradecer y pedir ayuda a Dios, se trata de
escucharle. Si no le escuchamos ¿cómo sabremos lo que quiere comunicarnos?
El tiempo que dedicamos a escuchar al Señor es buen indicador de
cuánto respetamos y disfrutamos nuestra relación con Él.
Consideremos nuestros hábitos de oración, comprometámonos a escuchar lo que Dios desea
compartirnos.
¡Dios te bendiga!
Feliz viernes.
Evang. Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)