Salmos 150 (TLA) “¡Alabemos a nuestro Dios! ¡a Dios en su santuario! ¡su poder en el cielo! ¡sus
grandes acciones! ¡Alabemos su incomparable grandeza! ¡Alabémosle con sonido de
trompeta! ¡con arpas y liras! ¡con panderos y danzas! ¡con cuerdas y flautas! ¡con
sonoros platillos vibrantes! ¡Que alaben a Dios todos los seres vivos! ¡Alabemos
a nuestro Dios!”. Amén.
Casi todos sabemos lo que se siente al amar a alguien. Y lo que somos capaces de hacer por esa
persona. En pocas palabras, le expresamos nuestra admiración porque le amamos.
En el libro de los Salmos, así es justo como David
hablaba de Dios. Lleno
de palabras de adoración y sentimientos. Ejemplo: Porque tu
misericordia es mejor que la vida, mis labios te alabarán (Salmos 63.3).
David danzó (en el espíritu), expresando su pasión y devoción ante el
Señor; sin importar lo que pensaran (2.Samuel.6.14).
¿Estaremos nosotros amando a Dios con el mismo entusiasmo
que tuvo David?
Es cierto que hay personas menos propensas que otras a demostraciones de
fervor y emoción, pero no permitamos que, la vergüenza o la timidez, asfixien
nuestra alabanza.
¡El Señor es digno de alabanza! No nos dejemos llevar por las opiniones de los
demás, tampoco olvidemos que el punto de vista de Dios, ese si que es el importante.
Dedica hoy un tiempo para alabar a Dios, pon su abundante amor y bondad delante de todas
las cosas.
Feliz día. ¡Dios te bendiga!
Evang. Wilda Messina
(Referenc: En.Contacto)