Isaías 9.2,6,7 “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; …. 6Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. 7Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite…”. Amén.
Jesucristo vino al mundo como bebé,
pero vivió sin pecado. Murió en nuestro lugar y resucitó para
reconciliarnos con el Padre.
Dios vino al mundo en la
persona de Jesucristo. Fue el nacimiento que inició una obra
poderosa a nuestro favor.
Una obra que incluyó 3
factores...
1…La encarnación. El Señor Jesús fue plenamente Dios
y plenamente hombre (Col.2.9). Se sometió a la voluntad
de su Padre y vivió como nosotros. En esta tierra permaneció como el
Hijo eterno de Dios, pero también con naturaleza humana, aunque sin mancha
ni pecado.
2…La revelación de Dios. El Hijo vino a este mundo para
que pudiéramos entender cómo es el Padre. Jesús dijo: “El que me ve,
ve al que me envió” (Jn.12.45).
3…La identificación con el
hombre. Al
llamarse Hijo del Hombre (Mt.8.20; Mr.10.335), Cristo se identificó con
nosotros. Caminó, sufrió y murió por nosotros (2 Cor. 5.21).
El nacimiento de un bebé es
maravilloso, pero más maravilloso fue el que Dios se hiciera hombre, habitara
entre nosotros, y pudiéramos ser reconciliados con Él. Y todo por su
grande amor. ¡Regocijémonos!
Que Dios
te bendiga.
(Referencia:
En Contacto)