Mateo 7.9-12 ¿Qué hombre hay, que si su hijo le pide pan, le dará piedra? 10¿O si le pide pescado, le dará serpiente? 11Si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre de los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? 12Toda cosa que quieran que hagan con ustedes, háganla también ustedes…” Amén.
En esta
parte responderemos a la pregunta que dejamos en la reflexión anterior: ¿Qué
hacer cuando nuestros hijos no nos escuchan?
1…Llevarle
nuestro dolor a Dios. Como lo
hizo Ana (1Sam.7.9-12), en medio de su profunda angustia. Los
padres también podemos llorar delante de Dios, expresarle nuestros temores y
pedirle sabiduría para actuar.
2…Continuar
amándolos, pero sin confundir amor con permiso. Amar no significa aprobar malas decisiones, tolerar maltratos ni
evitar que enfrenten consecuencias. Poner límites también es expresión de
amor.
3…No podemos
controlar las decisiones de los hijos. Si podemos enseñar, aconsejar, corregir y, sobre todo, orar. Pero cada
persona -adulta y madura- es responsable, delante de Dios, y los hombres.
4…No permitir
que el dolor robe la fe, ni la tristeza lleve a desesperación. Aunque nuestros hijos se aparten de sabios consejos, Dios sigue
siendo poderoso para tratar con sus corazones.
5…Confiar en Dios sin exigirle que actúe según nuestros tiempos o expectativas, sino bajo los de Él. Quien nunca dará piedra por pan.
Continuaremos…
¡Feliz
día!
Dios te
bendiga.