Salmos 42.1,2,11 "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; 11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío". Amén.
¿Tiene tu alma sed de Dios? ¿Has pasado hoy tiempo a solas con Él?
Veamos lo que el Señor Jesucristo nos enseñó al pasar tiempo con su Padre:
1…Aislamiento. El Señor Jesús vivía rodeado de personas, pero
comprendía su necesidad de recogimiento, y frecuentemente se retiraba
a orar en privado.
2…Tiempo. Sin importar circunstancias, el Señor Jesucristo
reservaba momentos para descansar en el Espíritu, enfocarse en su relación
con el Padre y renovar sus fuerzas, físicas y emocionales.
3…Quietud. Salmos 46.10 nos invita: Esten quietos, y conozcan
que yo soy Dios. Para poder vivir esa paz interior del Señor, hagamos
una pausa y dejemos que nuestra alma sea consciente de la presencia
del Espíritu Santo.
Hagamos de estos 3 aspectos prioridad. Cosecharemos enormes beneficios en nuestro andar
de fe.
De inicio pudiera ser difícil, pero cuando aquietemos nuestro corazón ante el
Señor, veremos cuánto necesitamos la paz de su presencia. Un regalo
invaluable.
Feliz día.
¡Dios te bendiga!
Evang. Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)