miércoles, 6 de abril de 2016

"Cuando llegan las tormentas"

Meditación 6.4

Mateo 14.22-33 "En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios".
Las tormentas son inevitables. En la naturaleza, las fuertes tempestades dejan a su paso paisajes totalmente cambiados. Asimismo los problemas pueden alterar la dirección de nuestra vida.
Cuando surgen dificultades, es posible que le diga al Señor: “Estoy haciendo lo que me pediste; entonces, ¿por qué me sucede esto?” Este razonamiento considera que estar en el centro de la voluntad de Dios nos exime de problemas. En Mateo 14, vemos que Jesús mandó a los discípulos que entraran en la barca y que le esperaran en la orilla opuesta. Mientras le obedecían, surgieron olas y vientos fuertes. En verdad, las tormentas pueden surgir aun cuando nos encontremos exactamente donde Dios quiere que estemos (Juan 16.33).
Otra pregunta que nos hacemos a veces es: “Señor, ¿qué he hecho mal?” Muchos pensamos que somos parte del problema. Dios utiliza, en efecto, las pruebas para corregirnos, pero no todas las situaciones provienen de nuestros errores. Él puede permitir las dificultades para perfeccionarnos, es decir, para hacernos más semejantes a Cristo. Eso sucedió con los discípulos. El Señor Jesús sabía lo que les esperaba, y deseaba que fueran aptos para la obra que les estaba llamando a hacer. Los impetuosos vientos crearon un ambiente propicio para que aprendieran una lección clave para su ministerio futuro.
Dios usa maneras diferentes para capacitarnos, pues quiere que seamos siervos de Jesucristo fuertes y dinámicos. Entendamos que nada puede sucederle a un hijo de Dios, a menos que Él lo permita. En vez de bajar nuestras cabezas ante las luchas de la vida, alcemos nuestros ojos al Señor, y busquemos sus propósitos en los retos que enfrentemos.
(De Encontacto.org)

martes, 5 de abril de 2016

"Conocer a Dios por medio de Jesús"

MEDITACIÓN 5.4

Miqueas 6.6-8 "¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios".
Hay un mensaje sencillo que se repite una y otra vez en toda la Biblia: Dios se goza más por nuestros esfuerzos en conocerle, que por cualquier otra cosa que pudiéramos ofrecerle. Dios nos creó con un profundo deseo de que le conozcamos; por tanto, no debiera ser difícil entender que buscarle expresa nuestro amor mucho mejor que las palabras.
Comenzamos a aprovechar nuestro gran privilegio de conocer personalmente a Dios cuando recibimos su regalo de vida nueva en Cristo. A partir de ese momento somos llenos de su Espíritu Santo. El Señor Jesús, nuestro mediador, salvó la brecha de pecado que separaba a Dios y al hombre. Por su muerte en la cruz, hizo posible que, a pesar de lo pecadores que éramos, nos convirtiéramos en hijos de Jehová de los ejércitos, cuya santidad abrumó a Isaías (Isaías 6.1-7). Es imposible conocer verdaderamente a Dios, sin conocer primero a Jesús.
Si nos centramos exclusivamente en nuestras preocupaciones, aprenderemos muy poco acerca del Señor. Para hacer nuestro el privilegio que Cristo nos ha dado —el de conocer al Padre— tenemos que estar interesados en lo que le interesa a Él.
Al observar con atención su manera de hacer las cosas, podemos llegar a entender lo que considera importante. Sabemos que a Dios le importan los que andan en oscuridad, los que no tienen a nadie que les ayude, los enfermos, los que sufren y los que mueren. Para aprovechar al máximo el privilegio de conocer al Señor más profundamente, debemos llevar su amor al mundo, e involucrarnos cada día en lo que está haciendo a nuestro alrededor.
(De Encontacto.org)

lunes, 4 de abril de 2016

"El privilegio de conocer a Dios"

MEDITACIÓN 4.4

Filipenses 3.7-11 "Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.  Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe,  a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,  si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos".
A pesar de que conocemos mucha gente durante nuestra vida, a veces nos sentimos especialmente privilegiados por haber conocido a ciertas personas, como a un creyente que nos haya inspirado, un héroe de la infancia, o alguien que nos haya ayudado en tiempo de necesidad. No obstante, por más maravilloso que haya sido tener a estas personas especiales en nuestra vida, el privilegio más grande de todos es conocer a Dios. Aun conocer a esas personas extraordinarias no podrá darnos el gozo y la satisfacción que anhelamos. Es por eso que, con frecuencia, buscamos la aceptación del mundo pues olvidamos el tesoro de conocer verdaderamente al Dios vivo.
A menudo, las personas son “salvas” y quedan satisfechas con este primer paso —el conocimiento de unas pocas verdades acerca de Dios es suficiente para ellas. Si se les pregunta: “¿Conocen a Dios?”, la mayoría diría que sí. Pero hay una gran diferencia entre conocer verdades acerca de Dios, y tener una relación personal con Él. Los creyentes debemos estar cada vez más cerca del Padre —aprendiendo acerca de quién es Él y lo que considera importante.
Mientras vivamos dependiendo de nosotros, nunca conoceremos realmente a Dios; Él se mostrará a un corazón humilde y transparente, no a uno lleno de orgullo y arrogancia. Es en nuestro quebrantamiento e impotencia que descubrimos quién es el Señor.
¿Tiene hambre genuina de conocer a Dios? Si es así, pregúntele: “¿Quién eres, Señor? ¿Cómo eres?” Después, ábrale su corazón, no por Él —pues ya le conoce a usted perfectamente— sino por su propio bien. Al pasar tiempo con el Señor, descubrirá cuán privilegiado es de verdad.

(De Encontacto.org)

viernes, 1 de abril de 2016

"Dios Tiene Tiempo Para Nosotros"

Meditación 1.4
  
Marcos 10.46-52  "Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: !!Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: !!Hijo de David, ten misericordia de mí! Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino".

El tiempo, bien muy preciado en nuestra apresurada sociedad, también un regalo de enorme valor que podemos dar a los demás.
Jesucristo fue el mejor modelo a seguir en cuanto al manejo equilibrado del tiempo. Tuvo asuntos de suma importancia de los cuales ocuparse y, sin duda, su prioridad fue hacer la voluntad del Padre (Juan 6.38); sin embargo, en ninguna parte de la Biblia encontraremos un versículo que diga: “Corrió a Betania”, o “regresó apresuradamente a Galilea”. Dondequiera que iba era sensible a las necesidades de las personas a su alrededor, a las que ayudaba con amor. Nunca estuvo demasiado ocupado para no ser interrumpido.

Justo antes de ir a la cruz para llevar a cabo la obra más importante de su vida, Jesús se detuvo para ayudar a un pobre mendigo ciego, que era un don nadie a los ojos de la sociedad. Aunque la redención de la humanidad era de vital importancia, el Señor se preocupó lo suficiente por el sufrimiento de una humilde persona, como para detenerse y aliviar su sufrimiento.

Si el Señor permitió ser interrumpido en el camino a la cruz, ¿no se detendrá también para escuchar cuando le clamemos en nuestra angustia? Él nunca está demasiado ocupado gobernando el universo como para dejar de escuchar el clamor de sus hijos.

Para seguir el ejemplo de Jesús, tenemos que preguntarnos: ¿Estoy dispuesto a ser interrumpido? Somos administradores de todo lo que Dios nos da, incluyendo nuestro tiempo. Considere este valioso bien un recurso para ser utilizado con amor cuando tenga que tender una mano de ayuda, tal como lo hizo Cristo. Hoy, dedíquele tiempo a alguien que lo necesite.
(De Encontacto.org)

"Nuestra Relación con Dios"

Meditación 31.3

Salmos 119.33-40 "Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón. Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad. Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino. Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme. Quita de mí el oprobio que he temido, porque buenos son tus juicios. He aquí yo he anhelado tus mandamientos; vivifícame en tu justicia"

Al confiar en Cristo, entramos en una relación permanente con el Padre celestial. Como creyentes, tenemos la responsabilidad de mantenerla firme.

Aprendamos acerca de nuestra nueva familia. Una parte esencial y continua de la vida familiar implica conocer y ser conocidos por los otros miembros. En la Biblia, Dios ha dado una descripción detallada de sus atributos, valores y pensamientos. Y debido a que Jesús vino al mundo, podemos entender mejor el carácter de Dios. Meditar en la Palabra, hace que nuestra conciencia del Dios trino crezca.

-Mantenernos en estrecho contacto con Dios, mediante la oración y el estudio de su Palabra, y rechazar la tentación de poner a las personas, el trabajo o los placeres antes que a Él. Las relaciones florecen con la comunicación, pero se marchitan con el descuido.

-Responder a lo que Dios ha dicho. Él dio instrucciones para la vida, y enseñó lo que le agrada. En las familias sólidas, las personas se cuidan unas a otras. - -Prestar atención a las advertencias del Padre celestial, y obedecer sus preceptos.

-Volvernos cada día más semejantes a Dios. Si cooperamos con la obra transformadora del Espíritu Santo, empezaremos a pensar y actuar como nuestro Padre celestial.

Dios Padre proveyó la salvación a través de su Hijo, quien murió para que pudiéramos tener vida. Jesús nos dio un ejemplo a seguir: una vida de servicio compasiva y obediente. El Espíritu de Dios está haciendo su obra de santificación en nosotros (1Pedro 1:2).  (De Encontacto.org)

miércoles, 30 de marzo de 2016

"La Intimidad con Nuestro Padre Celestial"

MEDITACIÓN 30.3

Juan 1.12-13 "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios".

Desde el principio, la intención de Dios fue tener una relación personal y amorosa con nosotros. ¿Qué evidencia tenemos de ello?

Su Hijo. Una de las razones de la venida de Cristo al mundo es que conozcamos al Padre celestial y tengamos comunión con Él. La Biblia nos dice que Jesús es su representación exacta; sus palabras y sus obras fueron las mismas del Padre (Juan 5.19; 12.50). Por tanto, cuando miramos al Hijo, estamos viendo el carácter de nuestro Padre celestial.

Su invitación. Dios nos invita, por medio de la Biblia, a unirnos a su familia (Juan 3.16). Él se encargó de preparar cada uno de los detalles; a nosotros nos corresponde aceptar la invitación.

Su adopción. El lazo más cercano que podemos tener unos con otros es la familia. En el momento de la salvación, el Señor nos adopta en la suya. Esta relación con nuestro Padre celestial dura por la eternidad, dándonos sustento, aliento y amor.

Su amistad. Al llamar “amigos” a sus discípulos (Juan 15.15), Jesús reveló un nuevo aspecto en cuanto a su relación, que se aplicaría también a sus futuros seguidores. Cristo es un amigo que nunca nos abandonará.

Su presencia. A partir del momento de nuestra salvación, el Espíritu Santo habita en nosotros. El Señor nos invita a ser miembros de su familia por medio de la fe en Cristo. Este es nuestro llamamiento supremo: creer en Él y vivir para Él todos los días de nuestra vida (Juan 20.31). Al ser hijos de Dios, su Espíritu obra en nosotros, y nos hace más parecidos a su familia...en pensamientos, palabras y acciones.  (De Encontacto.org)

martes, 29 de marzo de 2016

"Muy Prudentes Vs. Muy Arriesgados"

Aprende el equilibrio para saber accionar a tiempo: Para ser guiados por Dios necesitamos movernos. Dios nos va guiando en cuanto estamos dispuestos al avance. Dios no puede guiar a alguien que no quiere moverse. Para saber accionar a tiempo, tenemos que poner un equilibrio entre la acción y el discernimiento en la guía de Dios.
Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; el que domina su espíritu que el conquistador de una ciudad” (Proverbios 16:32)
Aquellos que son muy activos por naturaleza y decididos en todo, corren el riesgo de equivocarse mucho, de hacer esfuerzos vanos y de no actuar con sabiduría. Por lo tanto a esta clase de personalidades les conviene esperar un poco más de lo normal para tomar decisiones. Los que accionan por impulsos pueden tener grandes pérdidas de esfuerzo, tiempo y dinero. Generalmente son personas extrovertidas y les gusta emprender y hacer muchas cosas. La solución para este problema está en acostumbrarse a meditar un poco más cada decisión, en esperar en Dios para sentir la paz que los guíe en lo que consideran que el Espíritu Santo les esta guiando a hacer.
Por otro lado están las personas que no se arriesgan a decidir. Son personas con una naturaleza más calmada y relajada. Tienden a pensar demasiado, toman pocas decisiones y no se arriesga a nuevos desafíos. Hay temor, pereza o duda. Solo dan pasos muy seguros, a veces esperan una seguridad irreal para poder decidir. El gran riesgo de esta actitud es que por falta de acción a tiempo se pierden muchas oportunidades y la vida se vuelve improductiva y con resultados escasos.
Los que son perezosos esperan que Dios haga todo y lo disfrazan de “paciencia” o de “estoy esperando en Dios” pero en verdad Dios los está esperando a ellos para bendecirlos. Siempre se requiere una acción, un paso de fe. Dios le dijo a Josué “todo lo que emprendas prosperará” esto requiere emprender, que es acción, es hacer algo.
El miedo a fracasar, la incredulidad y la pereza hacen que una persona se vuelva indecisa. Dios nos habla y luego espera obediencia. Es libre quién sabe correr riesgos. Si algo persiste en tu corazón y hace tiempo que tienes un buen deseo, entonces adelante, emprende, trabaja, acciona y Dios te guiará en los pasos siguientes.
El miedo al fracaso es inútil, porque el fracaso es algo normal en la vida de cualquier persona, hay quienes aseguran por su experiencia que el fracaso es el camino al éxito. Del fracaso se aprende para volver a intentarlo más inteligentemente. Tarde o temprano tendrás que dar pasos de fe, correr riesgos y accionar si es que quieres tener éxito.
Por último veamos el consejo del apóstol santiago: ¿De qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? (Santiago 2:14). La fe no es verdadera sino esta acompañada de acción.
(Esteban Correa, Avanzapormas.com)

"Las 4 Clases de Perdón"

Reflexión de Avanzapormas.com. Por Esteban Correa
El perdón es la base de toda sanidad en la mente, conciencia y corazón. El perdón es la clave de la liberación espiritual. El perdón es una barrera que debemos cruzar para ser totalmente libres en nuestro interior. Sin perdón hay dolor, hay rencor, hay resentimiento y amargura. Comienza hoy tu sanidad completa.
Veamos a continuación las 4 clases de perdón que existen:
La primer clase de perdón es: “Perdonarse a uno mismo” Hay situaciones que producen una desilusión de nosotros mismos. Hay actitudes y hechos cometidos por nosotros que nos humillan, nos denigran y avergüenzan. Esta clase de fallas requieren de un auto-perdón. ¡Perdónate! Nadie es perfecto, la misma esencia defectuosa propensa a fallar existe en todos los seres humanos. Perdonarte a ti mismo es aceptar con humildad tu condición real de ser humano. Reconoce que no eres perfecto y comienza a mejorar.
La segunda forma de perdonar es: “Perdonar a otros”  Las heridas duelen y a veces mucho. Pero alguien dijo: “La mejor venganza es el perdón” porque la Falta de Perdón te Auto-Esclaviza. Te lastimas a ti mismo cuando no perdonas, mientras el ofensor no se percata de tus sentimientos. Tu Falta de perdón hacia otros te mantiene preso y atado a esa persona. ¡Se Libre perdonando! eliges entre permanecer preso o hallar la libertad. Confiesa el perdón con tus labios, ¡¡Hazlo Y serás libre por siempre!!
El tercer perdón es: Perdonar a Dios, renunciando a pensar que Él nos falló Dios es perfecto y absolutamente santo, nunca se equivoca, pero muchas veces hay un resentimiento, una actitud inconsciente de que de alguna manera “por la culpa de Dios” se piense que el nos falló. ¿Acaso Dios se equivoca? No, en absoluto. Pero nosotros percibimos por nuestro orgullo e ignorancia que Dios nos ha fallado en algunas ocasiones. Pensamos que ciertas tragedias e injusticias son una falla de Dios. Pero no es así. Cambia tu actitud si estas enojado con Dios. Porque él quiere lo mejor y jamás quiso nada malo para ti. No guardes rebeldías hacia Dios eso te alejará más de tu felicidad. Renuncia a todo enojo con Dios, de forma doctrinalmente incorrecta y solo como una expresión simbólica, deja tus pensamientos necios, di a Dios: “Yo no tengo enojo contra ti”
El cuarto tipo de perdón es: “El Perdón De Dios” Fallamos muchas veces a Dios. El es el creador de todo y juez del universo. Y Dios, a pesar de ser juez no se complace en juzgar, sino en perdonar. Dios no tiene amor… ES AMOR. La misión de la venida de Cristo a la tierra fue esta: Perdón. Dios nos quiso amar y envío la solución para nuestros pecados. La solución es Jesús, el Hijo de Dios, quién murió en la cruz para derramar su sangre y perdonarnos. No te culpes más si le fallaste a Dios, porque si tienes un arrepentimiento genuino tienes asegurado el perdón de Dios. El así lo prometió. Recibe en este día el amor y la gracia de Dios, porque Él siempre esta dispuesto a olvidar tus fallas para siempre.

"La Consecuencia de la Falta de Oración"

Meditación 29.3 

Colosenses 4.2-6 "Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar. Anden sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea tu palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepas cómo responder a cada uno".
La oración es una prioridad para cualquier persona que desee ser usada poderosamente por Dios. Jesús se escabullía a menudo para tener momentos de quietud con su Padre. Si el Hijo de Dios necesitaba pasar tiempo en oración, ¡sin duda que nosotros no podemos vivir bien sin ella! Ayer vimos que quienes no buscan la ayuda de Dios se fatigan con cargas innecesarias. Hoy veremos los resultados de moverse penosamente en la vida bajo esas cargas.
Cuando alguien se agota espiritual, emocional o físicamente, se vuelve vulnerable al desánimo. Josué fue exhortado a meditar en la Ley porque su éxito dependería de seguir la voluntad de Dios (Josué 1.8-9). Tener al Señor en el centro de nuestra atención crea confianza. Sin la oración y la lectura de la Biblia —que no pueden separarse— los creyentes caen en un círculo vicioso en que los problemas se hacen más grandes al tratar de darles una solución humana. Bajo tales condiciones, el desánimo es inevitable.
La pérdida de confianza es seguida pronto por la duda. El creyente que se sumerge en la oración y en la lectura de la Biblia hallará seguridad en el poder y en la presencia del Señor. Pero alguien que duda de la fidelidad de Dios buscará refugio en cualquier parte, menos en esas disciplinas. Al final, la persona se aparta de la voluntad de Dios, al tratar de encontrar una solución engañosa.
La consecuencia de no orar es el fracaso, pero la buena noticia es que se puede superar. Las medidas correctivas son sencillas: pedir perdón a Dios por no orar, y luego dar prioridad a un tiempo regular de quietud con el Señor. En esos momentos de comunión, Él hará más liviana las cargas, dará aliento y colmará a sus hijos de confianza.   (De Encontacto.org)

"El Alto Costo de no Orar"

Meditación 28.3

Isaías 40.28-31 "¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán".
El Padre celestial quiere que sus hijos hablen con Él. Jesús ha extendido una invitación para que hablemos con Dios de lo que sea. Él dijo que si tenemos una necesidad, pidamos; si buscamos respuestas, las tendremos; y si queremos que se abran oportunidades, toquemos y Él responderá (Mateo 7.7-8). Aun así, hay creyentes que no se comunican con el Señor, excepto en las emergencias.
Descuidar la oración resulta costoso. Es vivir en una pendiente resbaladiza... hacia el agotamiento, el desánimo y las dudas; que llevarán a dañar el testimonio.
Las situaciones (cargas) exigen un precio emocional, físico y espiritual. Estas nos agotan si tratamos de soportarlas solos. Pero Dios no quiere que llevemos ese peso. La Biblia manda a ponerlas en el Señor (Salmos 55.22). “Bendito sea el Señor . . . que sobrelleva nuestras cargas” (Salmos 68.19). Él hace todo para dar un giro a sus circunstancias. No hay necesidad de que siga llevando esa carga.
Arrastrar preocupaciones y ansiedades es agotador...no estamos hechos para soportarlos. En el plan de Dios, su poder llena por completo al creyente. Imagínese los hombros de Jesús sobre los suyos cargando con sus problemas. La carga no desaparecerá, pero la sentirá felizmente más liviana si se la entrega al Señor.    (De Encontacto.org)

domingo, 27 de marzo de 2016

Tu Palabra Sabia de Hoy...

Te invito a leer a Daniel 5...

Habla de que el rey Belsasar hizo banquete en el palacio, y que "contento" por el vino, pidió traer los vasos de oro y plata que pertenecieron al templo de Dios en Jerusalén; y en ellos bebieron. También nos dice que alabaron a dioses de oro, plata, bronce, hierro, madera y de piedra.

Todo eso trajo por consecuencia que apareciera una mano de hombre escribiendo en la pared del palacio (la ira de Dios se manifestó).

El rey palideció, se turbó, temblaban sus rodillas; y pidió que le interpretaran ese hecho... Le trajeron a muchos, pero solo Daniel pudo, ya que era hombre de gran espíritu, ciencia, luz, sabiduría y entendimiento.

Daniel le recordó al rey lo siguiente: A Nabucodonosor, tu padre, Dios le dio grandeza, gloria y majestad, pero su corazón se enorgulleció, por lo que fue quitado del trono, y despojado de su gloria; fue echo semejante a bestias, comió hierba, mojado con el rocío del cielo (7 años), hasta reconocer que Dios tiene dominio sobre todo, y que pone al que le place.

Y tú, su hijo, no has humillado tu corazón, aun sabiendo esto; sino que contra Él te has rebelado, has blasfemado las cosas sagradas del templo de Dios; y has alabado a dioses falsos, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios verdadero nunca honraste.

Por todas esas faltas fue enviada la mano que trazó la escritura en la pared, y que decía: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN, lo cual significa: contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. Pesado has sido en balanza, y hallado falto. Tu reino (tu vida) ha sido roto, y dado a medos y persas (al enemigo)

... Y esa misma noche fue muerto el rey Belsasar. (Daniel 5:1-30)

Y tú, vas a seguir deshonrando al Dios verdadero, yéndote en pos de tu orgullo, y de esos dioses tan falsos (hechos de oro, plata, madera, bronce, piedra, papel o yeso)...que no ven, no oyen, ni saben nada?

Esperarás a que Dios te escriba en la pared y tiembles?

Lee la historia completa, y pon mucho ojo en lo que se hizo, y cuál fue el resultado final del rey Belsasar...

Dios te dirija y bendiga. 👀

miércoles, 23 de marzo de 2016

"El Vino"

Mateo 26.28 "porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados".
(Nota del editor: Los devocionales del 21 al 23 se centran en elementos de la Pascua, que Jesús celebró con sus discípulos la noche antes de su crucifixión.)
En esa primera Cena del Señor, Jesús tomó el vino y dijo: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26.28). Una vez más, esas palabras debieron haber sorprendido a los que las escucharon. Todo judío conocía la larga historia de pactos en los que Dios repetía: Me seréis por pueblo, y yo seré vuestro Dios. Eso sonaba bien en teoría, pero un lado de ese pacto —nuestro lado, en caso de que usted se lo esté preguntando— fallaba siempre en su cumplimiento. Por eso, a lo largo de toda la Biblia, Dios siguió prometiendo que habría un pacto más, no para abolir sino para dar cumplimiento al antiguo pacto.
Ahora, con la copa de vino de la Pascua en su mano, Jesús declaró lo impensable: Que ese nuevo pacto había llegado, en ese mismo momento, en Él. Jesús resumió ese pacto con estas palabras: “Esto es mi sangre . . . que es derramada por muchos”. Es por usted, y por mí, y “por muchos” —así como Jesús es el cordero “que quita el pecado del mundo” (Juan 1.29).
Jesús pide también una respuesta de parte nuestra: “Bebed de ella todos”. No dijo: “Piensen en esto” o “esfuércense más para ganarlo”, sino “beban”.
Situémonos en esta escena. Al igual que los discípulos, hemos fallado. Ninguno de nosotros es justo, pero seguimos defendiendo y manteniendo nuestra “inocencia”. Como todos los discípulos, hemos traicionado —o traicionaremos— al Hijo de Dios; sin embargo, allí está Él, no solo comiendo y bebiendo con nosotros, sino además ofreciendo su vida y su sangre para salvarnos.
Las palabras en Jeremías 31.34 de este tan largamente esperado pacto: “Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” se están cumpliendo en ese momento ante nuestros ojos.
Es un regalo perfecto que nos deja completamente maravillados. Pero, con el vino, Jesús pide también una respuesta de parte nuestra: “Bebed de ella todos” (Mateo 26.27). No dijo: “Piensen en esto” o “esfuércense más para ganarlo”, sino “beban”. Así es la fe. En otras palabras, al igual que la copa de vino, la salvación está allí para usted. Jesús la sostiene en sus manos y se la ofrece. Pero tiene que creerla, abrir su corazón, y recibirla —y tomarla hasta el fondo, hasta el centro de quién es usted. Así que, “Bébala, todo su ser”.
(por Matt Woodley, EnContacto)

19/9/26... Enemigos del Contentamiento Espiritual

Mateo 6.25-27, 30 “ No se afanen por su vida , qué han de comer o beber; ni por su cuerpo, qué han de vestir. ¿No es la vida más que el a...