Mateo
6.25-27, 30 “No se afanen por su
vida, qué han de comer o beber; ni por su cuerpo, qué han de
vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el
vestido? Miren las aves del cielo, no siembran, ni siegan, ni recogen en
graneros; y el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más
que ellas? ¿Quién de ustedes podrá, por mucho que se afane, añadir a su
estatura un codo? Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el
horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de
poca fe?”. Amén.
¿Por qué
será que seguimos temiendo, si tenemos nuestra confianza puesta en Dios?
Creerle
al Señor no significa no experimentar incertidumbre. Significa que debemos elegir confiar en que Él proveerá, en su
tiempo y a su manera. De no ser así, el miedo y la duda manipularán nuestros
pensamientos, llevándonos a tomar malas decisiones.
La
ansiedad en sí misma no es pecado, pero
la fe puede tambalearse cuando se debilita por la incredulidad. Hay
quienes dicen: Sé que Dios es capaz de resolver todo, pero no están
seguros, e inician a buscar su propia solución. ¡Grave error!
Dios
conoce el principio y el fin de toda situación. Confiar en su tiempo y método, nos hará ver la solución del
problema. Él no deja de amarnos, y siempre quiere ayudarnos y bendecirnos.
Feliz
día.
Dios te
bendiga.
Evang.
Wilda Messina
(Referenc.
En.Contacto)
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