lunes, 13 de mayo de 2013

“Un Espíritu no Apto para ser Enseñado”

1 Corintios 10:12 “Así que, el que piensa estar firme, mire no caiga”.
Un espíritu no apto para ser enseñado es lo peor que le puede suceder a un cristiano…es creer que lo sabe todo.
Son personas que saben un poco de la Biblia, y juran que lo saben todo; por tanto no son aptos para ser enseñados o corregidos por nadie. Otros se creen que por tener muchos años en el evangelio, no pueden recibir amonestación o consejo de alguien que quizás tenga menos tiempo que ellos.
La sabiduría está disponible para el que con hambre y sed le busca.  No depende de cuantos años tengas sirviendo a Dios, o cuánto sepas de la Biblia, depende de la obediencia, dedicación, y amor a Dios.
Una persona puede tener 20 años en el evangelio, y otra 5 o menos,  pero se puede recibir más de quien tiene menos.  Esto así por un asunto de que se dedica a la búsqueda de Dios con gran sed y pasión; mientras que la otra está sólo confiando en la salvación.
Nunca es bueno fiarse de los años en el Señor; todo depende de tener un corazón que anhela su la presencia de Dios. La madurez Espiritual se alcanza cuando nos dejamos moldear por Dios no por los años que llevemos siendo cristianos o cuántos versos sepamos de la Biblia.
Cuantas personas llevan gran cantidad de años en el evangelio de Cristo y aún son inmaduros? Razón: Nunca han querido caminar en lo profundo de Dios,  y solo se conforma con que van para el cielo, pero no anhelan lo súper natural de Dios.
Hermanos, no nos creamos que lo sabemos todo…no sabemos nada.  Es preciso tener un corazón apto para ser enseñado, y nadie ha llegado a la meta todavía, aún estamos aprendiendo, y ninguno ha sido totalmente perfeccionado.
Dejemos el orgullo.  Quizás Dios nos está hablando a través de las personas que nos rodean, pero como creemos que lo sabemos todo, nunca lo escucharemos.  Recuerda que Dios no hace distinción de persona.  El usa a quien le place,  y la carrera no es de los fuertes y los valientes, sino de los pobres en espíritu.
Dios nos ayude a tener un Espíritu apto para ser enseñados. En Eclesiastés 9:11 vemos: …Que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aún de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontece á todos”
Dios los bendiga.   (De  Judy Contreras, Google+)

“Jesús: El Único Camino al Cielo”


Juan 10:1-11 (De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.  A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. Jesús, el buen pastor.  Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.  Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.  Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.  El ladrón no viene sino para hurtar,  matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.  Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas)
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Aunque el mundo tiene muchas religiones, solo hay un camino para llegar al cielo. Jesús dice claramente: “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn 14.6).

Para enfatizar este punto, Él usó varias descripciones metafóricas, llamándose a sí mismo: el pan de vida, la puerta, el buen pastor, y el camino (6.51; 10.9, 11; 14.6). Dios no espera que usted cumpla con algún tipo de ritual para hacer de Jesús el Señor de su vida —puede utilizar las palabras que quiera.

Pero algunos elementos bíblicos son esenciales cuando se inicia una relación con Él:
• Confiese su pecado y reconozca su necesidad de un Salvador (1 Jn 1.9).  • Ponga su fe en Cristo como el único Salvador, reconociendo que Él murió por sus pecados, fue sepultado, y resucitó tres días después (Jn 3.16; 1 Co 15.3, 4.). • Crea que sus pecados son perdonados, y que su nombre está escrito en el libro de la vida del Cordero (1 Jn 5.11-13).

Cada persona tiene que tomar una decisión. La muerte es inevitable, pero podemos decidir entre ir al tormento eterno o a la hermosura eterna de la presencia de Dios.

Lo que una persona piense acerca del cielo y el infierno no influirá en Dios en lo más mínimo. Las personas no serán juzgadas por su punto de vista, sino por la verdad de la Palabra de Dios. La Biblia declara que hay un solo camino al cielo: la fe en Jesucristo.

El evangelio de Jesús es un camino recto, del abismo del pecado a la gloria del cielo, con la promesa de una vida abundante desde ahora mismo. Lo que tenemos que hacer es cruzar la Puerta y seguir el Camino; entonces el Pan vivo nos sustentará.                 (De encontacto.org)

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Comentario:
Sin mucho comentario…Solo hay un camino para llegar al cielo…Jesús.  Y como dice la Palabra de Dios en Oseas 4.6: Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento.

Pidamos a Dios que nos abra nuestro entendimiento, y no nos permita ser parte de los que con sus falsedades nos envuelven.  En Proverbios 19.9 nos dice que el testigo falso no quedará sin castigo, y que quienes hablan mentiras  perecerán.

También pidamos al Señor reconocer y temer a sus mandamientos, para que sus recompensas puedan ser recibidas por nosotros.

Y finalmente veamos lo que dice el apóstol Santiago en el capítulo1 verso 5:  “Y si alguno de vosotros tiene falta sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche.

Es indispensable entrar por la puerta correcta en el redil de las ovejas del Padre!   Jesús ha venido para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia!

Dios te bendiga
Wilda

viernes, 10 de mayo de 2013

“La Actitud de la Madre Piadosa”


Filipenses 2.1-11 (Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre)
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Los hijos son un regalo del Señor (Sal 127.3-5). Como resultado, la maternidad es un gran privilegio, pero también es sinónimo de servicio. Cada día, la mujer está llamada a atender abnegadamente las necesidades de su familia. Ya sea atendiendo a un bebé a altas horas de la noche, dedicando tiempo y dinero en unos adolescentes poco agradecidos, o preparando comidas.
Las madres están continuamente poniendo a otros antes que a sí mismas. A veces, este servicio puede ser agotador e incluso desalentador. Pero las madres pueden encontrar ánimo en Jesús.
Juan 13.3-16 nos da un excelente ejemplo de servicio: al arrodillarse para lavar los pies de sus discípulos, el Señor mostró que la clave del liderazgo auténtico es la humildad. Y es la humildad lo que lleva a la recompensa eterna. A menos que una madre esté dispuesta a doblegarse y hacer sacrificios, perderá las verdaderas riquezas de la maternidad. Al morir a sus propios deseos y volcar su vida en otras personas, se vuelve como Cristo y crea un legado que pasará de generación en generación. ¿Qué mayor bendición podría desear una madre? Por supuesto, la motivación para servir a los demás no debe ser el obtener algún beneficio; sin embargo, cuando las madres obedecen el plan de Dios para sus vidas, eso es lo que sucede. Al darles hijos, Dios coloca a las mujeres en una posición privilegiada de liderazgo y servicio. Las llama a renunciar a sus vidas por el bien de otros —a abandonar sus propios deseos y a poner los intereses de sus hijos primero.
(De encontacto.org)
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Comentario:
Madres: Pidamos a Dios en oración que nos dirija con toda humildad y mansedumbre.  Que nos permita sentir y dar  todo el amor y la entrega que hubo en Cristo. Que nos ayude a enseñar a nuestros hijos con sabiduría.  A llevar y enseñar con fundamento, la palabra del Dios Altísimo.   A recordar que no tan solo estamos educando, enseñando y trabajando para nuestros hijos, sino que seremos parte de la formación de nuestros nietos y demás generaciones. Que, en todo tiempo, el plan de Dios sea sumamente importante para nuestras mentes y corazones.
Padres:  Ser compañeros idóneos, en esta gran labor.

1.       “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra”  Éxodo 19.5

2.      “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.  Filipenses 4.8

Dios te bendiga
Wilda

miércoles, 8 de mayo de 2013

"El Cielo: Nuestro Hogar Eterno”

Juan 14.1-4 (No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.)
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Jesús anunció a sus discípulos que se marcharía pronto. Sin embargo, también les prometió que regresaría un día para llevarlos a una casa que prepararía para ellos (Jn 14.3). Este versículo nos confirma que el cielo es un lugar real.

Según la Biblia, los cristianos tienen su ciudadanía en el cielo (Fil 3.20), nuestro tesoro está guardado allí (Mt 6.20), y ese será nuestro hogar eterno (1 Ts 4.17). Dios no está describiendo un mundo imaginario. Por el contrario, todos los creyentes pueden tener la confianza de que serán reunidos allí, en una morada tangible.

El espíritu de TODO CRISTIANO (aquel que haya puesto a Jesús como Señor y Salvador de su vida, y haya perseverado hasta el fin)  entra en la presencia de Dios inmediatamente después de la muerte física (2 Co 5.6). Una vez que el tiempo del Señor se haya cumplido para que vengan la tribulación y el juicio final, Él hará nuevas todas las cosas. Primero, nuestros cuerpos serán resucitados como inmortales, libres de dolor y con lozanía espiritual (1 Co 15.42). Después, la Tierra se transformará en un paraíso incorrupto y nosotros entraremos a la nueva Jerusalén celestial (Ap 21.10-27).

En el cielo, los hijos de Dios pasaremos la eternidad sirviéndole y adorándole. Pese a la idea equivocada de que estaremos en las nubes tocando arpas, ¡no estaremos de brazos cruzados, sin hacer nada! Sí descansaremos, pero de las tentaciones, las angustias, las pruebas y el dolor.

El paraíso está más allá de nuestra imaginación, pero sí sabemos que la vida del creyente continúa en el cielo. Como ciudadanos de ese reino, nos ocuparemos del trabajo de servir y alabar a Dios. Además, disfrutaremos de nuevas fuerzas y de la armonía perfecta con el Señor y otros cristianos.
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Comentario:
Algunos versículos bíblicos para meditar, sobre nuestra partida de esta tierra y hacia dónde sería nuestro hogar eterno:
Mateo 10.32  “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Romanos 10.9  “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”.

Hebreos 3.14 “Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio.”

Apocalipsis 3.5 “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”.

Dios te bendiga
Wilda




martes, 7 de mayo de 2013

"La Bendición de Amar a los Demás"

1 Pedro 1.22
(Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;)

Si respondiéramos solo por impulsos naturales, es probable que algunas veces tratáramos con gentileza a las personas amables, y en otras ocasiones, las tratáramos de manera hostil e iracunda.

Jesús nos enseña claramente a amar, aun cuando las personas que nos rodean parezcan difíciles de amar. Él vivió de verdad lo que enseñó: Cristo nos amó lo suficiente para morir por nosotros cuando aún éramos pecadores (Ro 5.8). Sin duda, al actuar con la fortaleza que Él da y con gratitud por lo que hizo, sus hijos podemos amar a los demás (1 Jn 3.14).

Aunque es un reto responder a la falta de amabilidad con amor, esa piadosa conducta puede llevar a una gran bendición. Primero, porque esto complace a Dios; lo cual debe dar gozo y paz a sus hijos. Segundo, los creyentes deben sentir emoción al ver cómo Dios se moverá en la relación. Por último, será evidente el trabajo del Espíritu Santo, permitiendo que el amor de Dios fluya a través de vidas rendidas a Él.

Juan 13.35 habla de otro beneficio importante. Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Puesto que el amor incondicional no es común en nuestro mundo, la gente lo observará.

Tratar a los demás de la manera que queremos ser tratados, es lo que crea las relaciones gratas y profundas que todo el mundo desea. Sin relaciones significativas, la vida carece de sentido, independientemente de cuántas cosas o conocidos podamos tener. Piense, entonces, en las personas con quienes tiene contacto durante la semana. ¿Las está tratando de la manera que Jesús ejemplificó?
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Comentario:

Amor fraternal: El diccionario de la Real Academia nos dice que es el amor propio entre hermanos.
Fingido:  Algo simulado, falso o con engaño.

No permitamos que en nuestras actuaciones de cada día, exista un amor fingido.  Cuando nos demos a los demás, vamos a hacerlo de manera fraternal, y con corazón puro, como nos dice el apóstol Pedro.

Si, es verdad que hay muchas personas con las cuales se hace difícil tratar, pero si nos vamos al espejo del grande amor, con el que Cristo nos amó, tendremos razones de sobra para amarle, aún a pesar de todo.

Que si es un reto?….Uff,  bien grande…pero sí se puede!  En Corintios 13:3-7  nos dice que el perfecto amor echa fuera todo; y que si repartiera todos los bienes para dar de comer a los pobres, y no tengo amor, de nada me sirve.  También nos dice que el amor es sufrido, es benigno; no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad… y que  Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Y si somos de Cristo (si le hemos entregado nuestras vidas a Él, y le hemos confesado como nuestro Señor y Salvador), ese amor es un sello que debe ser reflejado en cada uno de nosotros.

Meditemos en cómo está nuestra relación con los que nos rodean.  Será necesario incrementar mi dosis de amor hacia ellos?  Orémosle a Dios para que nos lo revele.
Amar a los demás en una gran bendición!

Dios te bendiga
Wilda

TPSH 7.5.22

lunes, 6 de mayo de 2013

Hoy es el Día

Hoy te invito a que busques a Jesús antes que sea demasiado tarde.
Hoy es el día.  Ahora es tu oportunidad.
El esta llamando a la puerta de tu corazón...
Pero es tu decisión si le abres o no.

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"  (Apocalipsis 3.20).



Dios te dirija y te bendiga!

"Qué Sucedería Si Dios..."

Instalara un contestador telefónico automático en el cielo?
Imagínate orando y escuchando el siguiente mensaje:
Gracias por llamar al Cielo.  Por favor selecciona una de estas opciones:
* Presiona 1 para peticiones.
* Presiona 2 para acciones de gracias.
* Presiona 3 para quejas.
* Presiona 4 para cualquier otro asunto.
Imagínate que Dios usara esta conocida excusa:
De momento todos nuestros ángeles están ocupados, atendiendo a otros clientes. Por favor manténgase orando en la línea, su llamada será atendida en el orden que fue recibida…
¿Te imaginas obteniendo este tipo de respuestas cuando llames a Dios en tu oración?:

Si deseas obtener respuestas a preguntas necias sobre los dinosaurios, la edad de la Tierra, donde esta el Arca de Noe, por favor espérate a llegar al Cielo.

¿Te imaginas lo siguiente en tu oración?:
Nuestra computadora señala que ya llamaste hoy. Por favor despeja la línea para otros que también quieren orar…

O bien:
Nuestras oficinas están cerradas por Semana Santa. Por favor, vuelve a llamar el Lunes.

Gracias a Dios que esto no sucede…
Gracias a Dios que le puedes llamar en oración cuantas veces necesites…Gracias a Dios que a la primera llamada, Él siempre te contesta…
Gracias a Dios porque la línea de Jesús nunca esta ocupada…
Gracias a Dios que El nos responde y nos conoce por nuestro nombre…
Gracias a Dios que El conoce nuestras necesidades antes de que se las manifestemos…
Gracias a Dios porque de nosotros depende llamarle en oración…

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
(Jeremías 33:3)

(Tomado de Daniel Sánchez, Google+)

“Cómo Amar a los Demás”

     MATEO 22.35-40Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas)
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Jesús dijo a sus discípulos: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mt 7.12). A este código de conducta se le conoce, por lo general, como la regla de oro.

En teoría, estamos de acuerdo en que es un buen precepto, sin embargo, nos resulta difícil cumplirlo. Si hiciéramos una lista de las maneras que esperaríamos ser tratados, y luego la comparáramos con nuestra propia conducta, probablemente no daríamos la talla.

Por supuesto, es fácil amar a quienes nos tratan bien. Pero ¿cómo respondemos cuando somos ofendidos? La verdad es que el Señor nos manda a amar todo el tiempo. No importa cómo seamos tratados, debemos pensar en las cualidades que valoramos —lealtad, confianza, perdón y aceptación.

Lamentablemente, nuestra sociedad estimula el egoísmo, la codicia y el orgullo, que son enemigos del amor que Jesús ordenó. Pero cuando nos preocupamos por los demás de la manera que el Señor dicta, las relaciones pueden hacerse más profundas y crecer.

Tratar a los demás con esta clase de amor no es natural ni fácil. En realidad, amar como Jesús mandó es imposible humanamente. Pero cuando confiamos en Cristo como nuestro Salvador, el Espíritu Santo nos da fuerzas (Gá 2.20).

Dedique tiempo para pensar en las maneras en que espera que los demás le traten. Ahora pregúntese: ¿Es así como yo trato a la gente? Pídale a Dios que le revele un aspecto en el que Él quiera ayudarle a poner en práctica la regla de oro.         (De encontacto.org)

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Comentario:
Mis observaciones de hoy:
De los 10 mandamientos (que en su principio fueron dictados desde la misma voluntad y dedo de Dios -Éxodo 31.18-,  como regla de vida;  por todo lo que en esos momentos estaba aconteciendo), cuando llega a nosotros Jesús, estos pasaron a ser de los 10 tan solo 2.

En estos 2 se concentran los restantes.  Quizás te preguntarás y cómo así, ya los demás no están vigentes? Sí y no.  Jesús,  hablando con los discípulos, lo cual podemos ver en Mateo 5.17 dijo”No piensen que he venido para abolir la ley (mandamientos) o los profetas; sino para cumplir”. 

Viéndolo de manera llana y sencilla, lo que Jesús hizo fue enfocarse en que quien ama realmente a Dios y se ama a sí mismo,  es incapaz de hacer algo perverso en contra de los demás; por ende  no matará, no robará, no adulterará, no codiciará , no mentirá, no tendrá dioses ajenos, etc, etc, etc.

Cumplir esos 2 (antes 10) resulta bien difícil para los seres humanos, como resultado de la tendencia pecaminosa, pero SI se puede.  Jesús y el Espíritu Santo, nos pueden guiar y enseñar a amar con ese grande amor con el cual él nos amó y por el cual nunca cometió pecado. 
Vamos a pedirle al Señor que nos de las herramientas necesarias y la convicción para poder hacer realidad en nuestras vidas esos 2 grandes mandamientos…
Amar al Señor nuestro Dios con todo el corazón, con toda el alma, y con toda la mente; Y Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Y para finalizar, les dejo con Mateo 5.19 “De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos, y así enseñe a los hombres, será llamado pequeño en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos!”
Dios te bendiga
Wilda

viernes, 3 de mayo de 2013

“Las Recompensas de la Paciencia”


Hebreos 6:13-15 (Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa)
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La paciencia es difícil de aprender y de practicarla. Vivimos de manera acelerada, ¡y tenemos que poner manos a la obra! Así es como la mayoría de nosotros actuamos, aunque no lo digamos con palabras.

Tal vez por eso la Biblia contiene abundantes ejemplos acerca de la paciencia y de su recompensa. Una y otra vez, vemos al Padre celestial haciendo promesas a sus hijos, para después tener ellos que esperar años, a veces décadas, para verlas cumplidas y ser bendecidos.

Pensemos en Abraham. A los 75 años, Dios le prometió que le daría un hijo. Diez años más tarde, seguía sin descendencia. Después de veinte años, todavía no tenía ese hijo. Por fin, cuando tenía 100 años, un cuarto de siglo después de que el Señor le había hecho la promesa, nació Isaac. Sin duda, Abraham debe haber tenido momentos de duda durante esa larga espera. Pero siguió confiando en Dios y esperando que Él cumpliera lo que le había prometido.

Hay muchos otros ejemplos. Cuando era joven, Jacob conoció a la chica de sus sueños, pero tuvo que trabajar durante muchos años antes de casarse con ella. A los 17 años, Dios le dijo a José en una visión que lo bendeciría, pero fue abatido por más de diez años de esclavitud y luego de prisión antes de recibir la recompensa. David fue ungido como rey de Israel siendo adolescente, pero pasó los siguientes catorce años, aproximadamente, huyendo por su vida antes de subir al trono.

Los atajos nunca llevan adonde el Señor quiere que estemos. Sin embargo, el largo camino está lleno de siervos fieles. ¿Está usted esperando hoy que Dios cumpla sus promesas? ¡Anímese, no es el único!                                         (De Encontacto.org)
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Comentario:
Pa.cien.cia… Sí, separada en sílabas: Palabra que nos hace falta cultivar en cada día de nuestra vida.  Normalmente queremos todo para “ayer” y Dios lo tiene para el futuro… a veces no muy cercano.

Esperar siempre nos traerá recompensas!  Son muchos los ejemplos que tenemos en la Santa Palabra de Dios; aquí tan solo vemos el de Abraham, Jacob, José y David…. Pero cuántos más…

Tengo una hermana que dice que la paciencia no se le pide a Dios, ya que Él lo que nos hará será ponernos al frente de situaciones que nos llevarán a cultivarla….(qué fuerte uffff )  Y creo que es muy cierto, porque nuestro carácter no se puede forjar de la noche a la mañana, sino mediante un proceso continuo.  Y nada que no esté en su punto, funcionará bien.

Pidamos al Señor que nos ayude, que cuando vengan esos momentos de prueba, que nos habrán de llevar a ser pacientes,  tengamos la fortaleza necesaria para poder esperar y seguir confiando que Él es fiel y justo,  y que nos dará mucho mas abundantemente de lo que creemos o entendemos (Efesios 3.20)   No nos dejemos llevar por nuestros propios instintos tratando de escoger atajos, cuando Dios nos da una promesa, siempre la cumplirá. 

Y para finalizar, te exhorto a que hagas tuyo este versículo: Salmos 40.1: Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor!

Dios te bendiga!
Wilda

jueves, 2 de mayo de 2013

“El Pecado de Muerte”

1 Juan 5:16 "Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida".

Es necesario entender este versículo dentro de su contexto, y en los dos versículos previos se ha referido a la oración del creyente: 1 Juan 5:14-15 "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho".  Dios nos ha enseñado en Su Palabra que todo lo que pidiéramos en oración, creyéndolo, lo recibiremos (Mateo 21:22), pero aquí en 1 Juan 5:14 nos está mostrando que esa promesa tiene una limitación, especialmente en este caso particular de intercesión por un hermano que posee vida eterna y en consecuencia es templo del Espíritu Santo, como todos los que somos hijos de Dios.

Juan está escribiendo en su epístola sobre la seguridad de la salvación que posee el creyente. 1 Juan 5:10-12" El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida". Se está dirigiendo a los que somos hijos de Dios (1 Juan 3:2) y tenemos la seguridad de poseer la vida eterna.

Sabemos que el veredicto de la Justicia divina sobre el pecado, es la muerte. "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23). La etimología de la palabra muerte significa "separación", esto se aprecia claramente desde el principio de la Biblia cuando narra la advertencia que le hizo a Adán en el Jardín del Edén, "mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (Génesis 2:17).

El relato dice que el día que Adán desobedeció y comió, fue expulsado de la presencia de Dios,  y que vivió físicamente 930 años  (Génesis 5:5). Es decir, conforme a la sentencia de Dios, Adán murió (espiritualmente) ese día que pecó: Fue separado de Su presencia y expulsado del huerto. Como el germen del pecado había entrado en él, Dios en Su misericordia no le permitió vivir eternamente en esa condición, y después de varios años se produjo su muerte física, que es la separación del alma con el cuerpo mortal, pero Adán, como en todo hijo de Dios (Lucas 3.38), su alma fue al paraíso celestial.

Esto fue posible, porque aunque en Adán entró a morar el pecado, Dios lo restauró por medio del sacrificio que el Señor realizó cuando le proveyó las vestiduras de pieles de animales que tuvieron que morir para cubrir su desnudez (Génesis 3:21). Todo descendiente de Adán nace con el pecado (a ningún niño hay que enseñarle a ser egoísta, a mentir, a pelear, etc., eso es algo que desarrollan en forma natural), y como la sentencia divina es que "la paga del pecado es muerte", todos los seres humanos debemos pasar por la muerte física.

El que no conoce a Jesús está muerto en sus delitos y pecados (Efesios 2:1), muerto espiritualmente, separado de la comunión de Dios.  Al producirse la muerte física, su alma es separada de su cuerpo mortal. Ese "envoltorio" humano va al cementerio y su alma continuará en muerte eterna, separada eternamente de la presencia de Dios.

El creyente también nació en este mundo en esa condición de muerto espiritualmente, pero  "él os dio vida, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados" (Efesios 2:1). Recibimos vida espiritual por medio del sacrificio de Cristo, fuimos restaurados para disfrutar de la comunión con el Santo, obtuvimos vida eterna.

Cuando el creyente muere físicamente, su alma va a la presencia de Dios, y su cuerpo mortal al cementerio, hasta aquel día cuando el Señor venga y nos entregue un cuerpo de gloria donde no morará jamás el pecado (Filipenses 3:21).

El apóstol Juan dice en esta epístola (1:7) que "si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros". Pero esa comunión puede ser interrumpida a causa de un pecado que no hemos abandonado y arreglado cuentas con el Señor. Por este motivo nos exhorta a confesar nuestros pecados, con los cuales nos contaminamos cada día, en el caminar por este mundo con nuestro cuerpo de pecado (o cuerpo de humillación (Filipenses 3:21).

1 Juan 1:9-10 dice que si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos, y limpiarnos de toda maldad; y que si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. En el capítulo 2 nos enseña a mantener la comunión por medio de la abogacía del Señor Jesucristo, porque abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo (1Juan 2:1). Este abogado intercede ante el Padre, porque la comunión del creyente con Él puede ser interrumpida a consecuencia de algún pecado.

El creyente puede pecar, pero no debe permanecer en el pecado, por este motivo aclara en 1 Juan 3:8 "El que practica el pecado es del diablo" 1 Juan 3:9 "Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado" 1 Juan 5:18 "Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca".

Juan establece una enorme diferencia entre pecar y practicar el pecado. Pecar es parte de nuestra humana condición, y eso lo debemos arreglar a través de la sangre de Jesucristo,  arrepintiéndonos y confesándole nuestros pecados; no para volver a salvarnos, porque ya somos salvos, sino para restaurar nuestra comunión con Él.

También te recuerdo que nos hacernos reconocer por medio de los frutos del Espíritu, y que el verdadero hijo de Dios no puede vivir en forma constante en el mismo pecado… o sea practicando el pecado una y otra vez, porque aquel que lo haga, está demostrando que nunca ha sido hijo de Dios.  Podemos decir que lo que necesita tal persona, por ejemplo, si su pecado es el alcoholismo, no es orar para que deje de beber, sino que lo que necesita tal persona es nacer de nuevo y aceptar al Señor Jesucristo en su corazón.

Solamente el Señor puede producir en esa persona un lavamiento real y verdadero, con repercusiones para toda una eternidad. El lavamiento regenerador debe comenzar desde adentro y ser obra del Espíritu Santo, no por medios y esfuerzos humanos o a través de terapias.

La primera carta del apóstol Juan es muy pequeña, y siempre será muy saludable leerla íntegramente de una sola vez para entenderla mejor. En 1Juan 1:8 afirma: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros".   Nos está asegurando que TODOS los hijos de Dios continuamos pecando, y si alguno dice que no peca, ha añadido otro más a su lista, mentir.  Asegura Pablo en Romanos 7:17-23 "De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros".

Satanás siempre quiere sacar ventajas sobre nuestra condición humana, y cada vez que pecamos, intenta convencernos que no somos hijos de Dios, poniendo dudas en nuestros pensamientos. Pero no hemos de concederle esa satisfacción, porque aunque es verdad que continuamos pecando, porque solamente somos pecadores perdonados, el mismo dolor que sentimos después de cometer nuestra falta, es una evidencia irrefutable que ahora somos hijos de Dios.  Antes de nuestra conversión podíamos cometer ese pecado, pero éramos indiferentes, en cambio ahora el Espíritu Santo nos constriñe de pecado y nos mueve al arrepentimiento.

Esa es tristemente nuestra verdadera condición, aunque seamos hijos de Dios. Cuando hayamos dejado atrás este cuerpo de humillación y recibamos el cuerpo de gloria que nos prometió el Señor, dejaremos para siempre el pecado. Pero el apóstol Juan hace una clara diferencia entre esa condición humana nuestra, con la cual aún pecamos (1 Juan 1:8), y lo que significa PRACTICAR EL PECADO (1Juan 3:8 y 9)

Dios en Su misericordia y justicia soberana ha dispuesto una disciplina también para el hijo Suyo aquí en la tierra. En Su paciencia infinita nos corrige una y otra vez, y nos exhorta a través del Espíritu Santo -que mora en nosotros para guiarnos a toda verdad- , pero cuando todos esos elementos no producen efecto en la vida del creyente, para corregirse y abandonar el pecado que en forma constante está viviendo, y no considera las advertencias que Dios le ha mandado; entonces Dios lo corta de este mundo y se lo lleva…ha cometido pecado de muerte (física) , pero igualmente el Señor se lo lleva al cielo para que no continúe desprestigiando Su iglesia acá en la tierra y acumulando más pecados en su vida.

Cuando el Espíritu Santo exhorta, por medio de Pablo, a los corintios que estaban viviendo desordenadamente, les tiene que decir: "Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo" (1Corintios 11:30-32)

Ahora, ¿qué sucede cuando vemos a una persona que fue miembro de una iglesia, dijo haber aceptado al Señor, se bautizó, permaneció en la iglesia por algún tiempo, luego se fue al mundo y persistió en practicar un pecado abominable?  Simplemente nunca fue del Señor.  Aquí se cumple lo que dijo el Señor en 2 Pedro 2:22 "les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno". El que hoy da muestras evidentes de no ser un hijo de Dios, es porque nunca lo fue; jamás fue una oveja del Señor, sino que simplemente una "puerca lavada".

Aquí también se cumple lo dicho en Mateo 12:43-45 "Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo haya. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero".

Este es otro caso de una persona "religiosa" que ordenó su casa, pero que nunca fue un verdadero hijo de Dios, porque permaneció desocupado. Los hijos de Dios somos templos del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo mora en nosotros (1 Corintios 3: 16).

El hijo de Dios puede pecar, pero NO DEBE PRACTICAR EL PECADO… Vivir en un pecado continuamente, dañando el testimonio de la iglesia, no acatando la disciplina y guía del Espíritu Santo, dará como resultado final que Dios se lo llevará, puesto que ha cometido pecado de muerte y el Señor lo sacará de este mundo.  En consecuencia, lo que el apóstol Juan está afirmando, es que aquel que practica el pecado, no es hijo de Dios, sino del diablo (1 Juan 3:8), y lo que necesita de nosotros, es que oremos por la salvación de su alma.

Y cuando vemos a un hermano -de los que se entiende son creyentes e hijos de Dios-  cometer pecado de muerte; que está bajo la disciplina del Señor, y que en forma reiterada ha rechazado el trato amoroso de Dios, y continua con su vida desordenada, y desprestigia el evangelio santo, se hace evidente que enfrentará la muerte física, (posiblemente a través de una enfermedad crónica como fruto de su propio pecado); aquí el Señor no nos recomienda orar por restablecimiento, ya que él se lo llevará para que no acumule más pecados en su vida.  Dios no va a permitir que un hijo suyo continúe en forma indefinida viviendo en el pecado…finalmente lo cortará.

Algunos me preguntan: "Entonces ¿por qué Dios no se lleva a tantos pastores que están dañando el testimonio de la iglesia con el comercio desvergonzado que hacen usando el nombre del Señor?" Y la respuesta es simple: Porque esos nunca han sido del Señor, estos quedan dentro de aquellos que se mencionan en Mateo 7:22-23 "MUCHOS me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad".

Porque es necesario que el juicio de Dios comience primeramente por los que son suyos, después, cuando concluya el día de la Gracia, los no creyentes serán juzgados. 1 Pedro 4:17 "Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?"

Que el Señor nos dé más odio al pecado y más ansias de vivir santamente, para poder disfrutar más plenamente de su dulce comunión, porque Él habita en la altura de la Santidad. Isaías 57:15 "Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados".

Sí Señor, ya no somos gusanos para vivir arrastrándonos en el polvo de este mundo, sino que hemos recibido alas para remontarnos a tus alturas. Somos una nueva criatura, todas las cosas viejas han pasado y todas han sido hechas nuevas. Danos fuerzas para volar diariamente hasta tu presencia y que podamos vivir vidas victoriosas, porque somos más que vencedores en Cristo Jesús, Amén, sí Señor.

(Tomado de Jack Fleming –Estudios Maranatha.com)

“Que la Cruz sea tu Gozo También en Tiempo de Persecución”

Cualquier acción de Cristo es motivo de gloria para la Iglesia universal; pero el máximo motivo de gloria es la cruz. Así lo expresa con acierto el Apóstol Pablo, que bien sabía: Lo que es a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de Cristo.
 Fue, ciertamente, digno de admiración el hecho de que el ciego de nacimiento recobrara la vista en Siloé; pero, ¿en qué benefició esto a todos los ciegos del mundo?

Fue algo grande la resurrección de Lázaro, 4 días después de muerto; pero este beneficio lo afectó a él únicamente, pues, ¿en qué benefició a los que en todo el mundo estaban muertos por el pecado?

Fue cosa admirable el que cinco panes, como una fuente inextinguible, bastaran para alimentar a cinco mil hombres; pero, ¿en qué beneficio a los que en todo el mundo se hallaban atormentados por el hambre de la ignorancia?

Fue maravilloso el hecho de que fuera liberada aquella mujer a la que Satanás tenía ligada por la enfermedad desde hacía doce años; pero, ¿de qué nos sirvió a nosotros, que estábamos ligados con las cadenas de nuestros pecados?

En cambio, el triunfo de la cruz iluminó a todos los que padecían la ceguera del pecado, nos liberó a todos de las ataduras del pecado, redimió a todos los hombres. Por consiguiente, no hemos de avergonzarnos de la cruz del Salvador, sino más bien gloriarnos de ella.

Porque el mensaje de la cruz es escándalo para los judíos, necedad para los gentiles, mas para nosotros salvación. Para los que están en vías de perdición es necedad, mas para nosotros, que estamos en vías de salvación, es fuerza de Dios. Porque el que moría por nosotros no era un hombre cualquiera, sino el Hijo de Dios, Dios hecho hombre.

En otro tiempo, aquel cordero sacrificado por orden de Moisés alejaba al exterminador.  Con mucha más razón, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo nos liberará del pecado. Si la sangre de una oveja irracional fue signo de salvación, ¿cuánto más salvadora no será la sangre de Unigénito? Él no perdió la vida coaccionado ni fue muerto a la fuerza, sino voluntariamente.

Él dice: Soy libre para dar mi vida y libre para volverla a tomar. Tengo poder para entregar mi vida y tengo poder para recuperarla. Fue, pues, a la pasión por su libre determinación, contento con la gran obra que iba a realizar, consciente del triunfo que iba a obtener, gozoso por la salvación de los hombres; al no rechazar la cruz, daba la salvación al mundo.

El que sufría no era un hombre vil, sino el Dios humanado, que luchaba por el premio de su obediencia.

Que la cruz sea tu gozo no sólo en tiempo de paz, que también en tiempo de persecución tengas la misma confianza.  No seas solo amigo de Jesús en tiempo de paz,  y enemigo en tiempo de guerra.

Recibe el perdón de tus pecados y la gracia que te otorga la magnificencia de tu Rey.

Cuando sobrevenga la lucha, pelea bravamente por tu Rey. Jesús, que en nada había pecado, fue crucificado por ti; y tú, ¿no te crucificarás por él, que fue clavado en la cruz por amor a ti?

Tú no le haces un favor a él, tú lo has recibido primero…lo que haces es devolverle el favor, saldando la duda que tienes con aquel que por ti fue crucificado en el Gólgota.

(Tomado de    Google+)

La Sangre Preciosa de Jesucristo Lunes 03/08/26 1 Pedro 1.17-19 “Y si invocan por Padre a aquel que, sin acepción de personas juzga seg...