Romanos 8.1-2 “Ahora ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”. Amén.
El sacrificio del Señor Jesucristo nos recuerda que podemos caminar en libertad como hijos amados de Dios.
El amor
del Padre celestial -por sus hijos- es tan ancho, largo, alto y profundo
que nunca podremos comprender su magnitud (Efes.3.14-19). El
amor de Dios es constante, inmutable y eterno. Aunque nuestros sentimientos
nos digan lo contrario.
Es cierto
que no hay condenación para quienes estamos en Cristo. Dios es nuestro
Padre amoroso, quien a veces necesita utilizar la disciplina para alinearnos
con su voluntad (Heb.12.7).
Todo lo
que nos separaba de Dios fue resuelto en la cruz. Nuestra parte es abrazar
ese sacrificio. Gracias a Jesucristo, es que somos libres del pecado y
reconciliados con el Padre.
Él ocupó
nuestro lugar para que pudiéramos acercarnos a Dios, y ya no ser condenados.
Feliz domingo.
Dios te
bendiga.
Evang.
Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)
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