Marcos 9.17-18, 27 (RV60) “Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti a mi hijo, que tiene un espíritu mudo, 18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. 27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó”. Amén.
En el pasaje de hoy, un hombre trae al Señor Jesús a su hijo poseído por un demonio. Él se había acercado antes a los discípulos, pero no logró obtener ayuda.
Cuando se
encuentra con Jesús, la fe de aquel padre se debilita, pues dijo: “Si
puedes hacer algo” (vs.22). Y, el Señor Jesús, conociendo
las dudas del hombre, le respondió: “Si puedes creer, al que cree
todo le es posible” (vs.23).
Pero este
padre se dio cuenta de la diferencia entre sus palabras y sus acciones, y
le dijo a Jesús: “Creo; ayuda mi incredulidad” (vs.24).
¿Qué pensarías: este hombre tiene fe o no?
Al
examinarlo de cerca, vemos que este padre clama con sinceridad al Señor.
Reconoce con humildad que, aunque cree en el poder salvador de
Jesucristo, esa preocupación por su hijo afecta su fe.
Siempre recuerda
que el Señor Jesucristo es soberano. Seamos sinceros con Él acerca
de nuestra fe.
Incluso
con fe imperfecta, tenemos la puerta abierta para llevar nuestras
necesidades al Señor Jesucristo.
Su poder
no va a variar, pese a nuestras dudas. Confiemos en que no hay nada que esté fuera de Su control.
Feliz
día.
Dios te
bendiga.
Evang.
Wilda Messina
(Referencia:
En Contacto)