lunes, 31 de agosto de 2026

31/8/26... Hambre de Dios

Salmos 63.3-4 “Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán. 4Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre alzaré mis manos”. Amén. 

Dios creó en nuestro corazón un hambre espiritual, y David la sintió.  A lo largo de los Salmos lo encontramos meditando en Dios, alabándolo o clamándole.

 

La mayor alegría de David era estar con su Padre celestial en íntima comunión.

 

Tener hambre del Señor es desear conocerlo y acercarse más a Él. Pero este anhelo no siempre ocupa el lugar central en la vida del creyente. Ya que esta sociedad tan moderna está llena de distracciones, que rivalizan con Dios, reclamando nuestro tiempo y esfuerzo.

 

La buena noticia es que nuestro anhelo por Dios puede despertarse si cambiamos de prioridades. Aunque cultivar ese deseo tome tiempo, la alegría y las recompensas son eternas.

 

En la medida en que aumentamos nuestra hambre espiritual, el Señor abrirá nuestro corazón para entenderlo y anhelarlo más.

 

Si buscamos constantemente al Señor, nos saciará con contentamiento y sensación de plenitud. Despertará un anhelo aún más profundo en nuestra alma.

 

El hambre por Dios, a diferencia del hambre física, se sacia despertando un deseo aún mayor. Cuanto más llenos estemos, más lo anhelaremos.

 

Quienes buscan sinceramente al Señor serán saciados y llenos de gozo inquebrantable.

 

Feliz día.

¡Dios te bendiga!

Evangelista Wilda Messina

(Referencia: En.Contacto)

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