Salmos
119.71, 72, 75 “Bueno me es haber sido humillado, para
que aprenda tus estatutos. Mejor me es la ley de tu
boca que millares de oro y plata. Conozco, oh, Jehová,
que tus juicios son justos, y que, conforme a tu fidelidad, me
afligiste”. Amén.
El
salmista se regocijaba en sus aflicciones porque las pruebas aumentaban su
conocimiento de Dios.
Esas
lecciones resultantes, de constancia, gracia y justicia del
Señor, fueron -para el salmista- más valiosas que un saco lleno de
oro y plata. Y, nosotros, tenemos que entender que es necesario que toda
aflicción impacte nuestra fe, como creyentes.
La
búsqueda de David del Señor, durante su huida
de Saúl, fortaleció su fe. Sus salmos nos muestran su dependencia y
perseverancia. El Señor le brindó consuelo, incluso, al probar su fe, él
dijo: Porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste (Salmos 86.17).
Por
medio de aflicciones, Dios nos moldea, para
que podamos ser fuertes y consolar a otros.
Dios es bueno
y suficiente para satisfacer nuestras necesidades,
cuando el pozo es profundo, el obstáculo considerable y el sufrimiento
prolongado.
Como
cristianos, que aprendemos a fortalecernos en pruebas, llevemos alegría a los desanimados, alivio a los que sufren
y el mensaje del amor de Cristo para todos.
Llegará
el día en que, mirando atrás, alabaremos a Dios, por esas pruebas que forjaron nuestro nuevo carácter.
Feliz día.
¡Y que Dios te bendiga!
Evangelista Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)
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