Daniel 9.3-5 “Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración,
ruego, ayuno, cilicio y ceniza. Oré a Jehová mi Dios, e hice confesión
diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto
y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos
pecado…”. Amén.
Cuando
nos esforzamos por vivir conforme a la Palabra de Dios, Él suple nuestras
necesidades y obra a nuestro favor.
Daniel y
sus amigos se encontraban en tierra ajena, cautivos de un rey que procuraba aprovecharse de sus habilidades y facultades
intelectuales.
A medida
que Daniel maduraba, logró adaptarse a ese sistema extranjero, pero sin
comprometer su fe en el Padre celestial.
Desde el
principio se propuso rechazar los alimentos prohibidos, y mantener
sus tiempos de oración, incluso enfrentando castigos. Y Dios honró su obediencia y fidelidad.
Le salvó
del foso de los leones, otorgándole un
favor inmenso. A pesar de las adversidades, soportó situaciones difíciles,
pero siempre experimentó la fidelidad de Dios.
Es que Dios
promete dar seguridad a quienes obedecemos su Palabra. No promete que no
tendremos tiempos difíciles, pero sí dice que estará con nosotros hasta el
fin del mundo (Mt.28.20).
Si sabes
que hay pecado en tu vida, miedo y dudas serán inevitables. Pero el
camino de la obediencia conduce a valentía y gozo, sin importar circunstancias.
Daniel
se negó a cambiar sus principios, y Dios
siempre intervino a su favor. Dios también lo hará por ti y para ti.
Feliz
día. ¡Dios te bendiga!
Evangelista Wilda Messina
(Referencia:
En.Contacto)
No hay comentarios:
Publicar un comentario