Proverbios
29:23 “El altivo será humillado, pero el
de espíritu humilde será enaltecido”. Amén.
Si alguna
vez te has sentido superior a otros, o albergas el deseo de hacerte
notar por las cosas buenas que haces, eres orgulloso, y quizás no lo
sabías.
La
trampa del orgullo no es fácil de detectar. Se
manifiesta de formas bien encubiertas. La receta para no caer en él
es ir ante el Señor en oración y Biblia, donde obtendrás orientaciones correctas.
El Señor
nos enseña a ser humildes, que no es más que amarnos y amar a los demás. También nos enseña a aceptar a los demás, sabiendo que ambos
somos imagen y semejanza de Dios.
Ser
arrogante no hace mejor a nadie, pero si
es abominable delante de Dios. No
hay necesidad de competir con nadie. ¡Tú eres especial, los demás también lo
son!
Tu humildad
se manifiesta en tu manera de actuar y hablar. Es servir a los demás poniendo tus necesidades por debajo
de las de ellos, es imitar al Salvador.
Tu mejor
estatus, y el más importante, es el que Dios te
da. ¡Ese persíguelo! Vivir con la humildad de Cristo es reconocer
tu verdadero valor.
Comienza
a cambiar tu ansiedad, que viene del
orgullo, por la paz y la alegría genuina que Dios da.
“Cuando
viene la soberbia, viene también la deshonra; pero la sabiduría está con los
humildes” (Proverbios 11:2).
Muy feliz día ¡Que Dios te bendiga!
Evangelista Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)
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