Lucas 23.39-42 “Y uno de los malhechores le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, padecemos porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; más este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”. Amén.
Si vemos aquel ladrón arrepentido, descrito en Lucas 23.32-43, no tenía
nada que ofrecer; ni buenas obras, ni servicio fiel, nada. Lo único que hizo
fue creer, y fue suficiente.
El Señor Jesús fue crucificado entre 2 ladrones. Y, en la medida en que pasaban las horas de
tortura, uno de ellos mudó su corazón. Los reproches de uno se convirtieron en
defensa del otro, hacia el Señor. Reconoció su culpa y suplicó por un
lugar en el Reino.
¿Qué convirtió a este ladrón en creyente? Mirando a Jesús, y escuchando sus palabras, se
volvió con fe al Único que podía salvarlo: Aquel que murió por él.
En el calvario, un hombre murió en su pecado, otro murió por el
pecado, y el tercero fue salvado de su pecado.
Cada ladrón tomó su decisión, igual te toca a ti decidir: Aceptas o rechazas el sacrificio de Cristo. Una
elección con consecuencias eternas.
¿Has aceptado el regalo de la salvación de Cristo? ¡Te invito a hacerlo ya! No mueras sin estar
preparado.
¡El Señor Todopoderoso te ayude, y bendiga!
Evang. Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)
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