Salmos 147.3-5 “Él sana a los quebrantados de corazón, y
venda sus heridas. 4Él cuenta el número de las estrellas; a
todas ellas llama por sus nombres. 5 Grande es el Señor
nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito”. Amén.
Dios se preocupa por nuestro bienestar físico. Fue quien creó nuestro cuerpo, para ser templo de
su Espíritu.
Algunas decisiones pecaminosas causan enfermedades. Puedes leer, en Juan 5.14, que Jesús, en el
templo, habiendo sanado al paralítico de Betesda, le dijo: no peques más,
para que no te venga alguna cosa peor.
Gran parte de las enfermedades son parte de la condición humana
pecaminosa, no de un pecado específicamente cometido. Pero si, todos somos
proclives a enfermamos en algún momento de nuestra vida.
La respuesta que Dios espera de nosotros es confianza en Él,
aun con el camino difícil. Es confiar en su fidelidad, mientras recibimos
tratamiento médico. Orar es la mejor preparación para lo inesperado.
Nuestro Padre celestial tiene todo poder para sanar, pero a veces permite las enfermedades para
probar nuestra fe. Y ver si somos capaces de alabarle en la tormenta.
Ante el sufrimiento, pidamos a Dios que examine nuestro corazón.
Porque grande y poderoso es Él.
¡El Señor te bendiga en este día!
Evang. Wilda Messina
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