Proverbios 27:20-21 “El Seol y el Abadón nunca se sacian; así los ojos del hombre nunca están satisfechos. El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro, y al hombre la boca del que lo alaba”. Amén.
¿Cómo
respondes cuando alguien te alaba?
Los
cristianos tenemos un dilema, pues estamos
llamados a ser humildes; entonces, ¿qué hacer cuando nos elogien?
Como el orgullo siempre espera levantar su cabeza, cuidémonos de él.
Algunos
creyentes piensan que aceptar una felicitación es señal de orgullo, y hacen un espectáculo “dando toda la gloria a Dios”. Eso
está bien, si es lo que hay realmente en sus corazones.
Hay
veces en que se convierte en una respuesta “cristiana” mecánica y rutinaria,
dirigida para impresionar, o venderse más humilde de lo que en verdad
son.
El
consejo es simplemente agradecer, y
luego susurrar una oración de agradecimiento a Dios, por la bendición,
reconociendo que cualquier cosa digna de alabanza siempre viene de Él.
Si
recibes elogio por un logro que fue el esfuerzo en equipo, asegúrate de redirigir la felicitación a todos los involucrados.
Una bendición se disfruta más cuando se comparte.
Nuestro
carácter se prueba por la alabanza que recibimos. Aferrarnos a ella, es veneno, es orgullo, y se
seguirá infectando el corazón.
Cuando
pasamos esas alabanzas recibidas a Dios, la humildad
se alojará en nuestra alma.
Feliz día.
¡Y que Dios te bendiga!
Evangelista Wilda Messina
(Referencia: TPSH190514)
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