Salmos
46.1-2 “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio
en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea
removida, y se traspasen los montes al corazón del mar”. Amén.
La vida
diaria tan activa, hace que el estrés se eleve tanto, que nos hace desfallecer. Llegan momentos de explosiones emocionales, y bajas
espirituales.
Las lágrimas
asoman, la impotencia te hace sentir incapaz de pensar
coherentemente, el dolor de cabeza te envuelve. En fin, todo se ve
oscuro. Solo queremos decir ¡Señor llévame o tierra trágame!
Pero quien, como yo y como millones, tiene a Jesucristo como Señor
y Salvador, sabemos dónde refugiarnos. Sabemos que Dios es nuestro
refugio y fortaleza; ayuda eficaz y segura en tribulaciones y angustias.
No está malo llorar, sentirte impotente, y casi
desfallecer, lo que si está
mal es que, sabiendo quien es Dios, y todo lo que Jesús hizo -con mayor
estrés que el tuyo-, te quedes derribado.
El aposto Pablo nos recuerda que, aunque estemos atribulados, no estemos angustiados; que, aunque estemos en apuros, no estemos
desesperados; que, aunque estemos derribados, no estamos destruidos
(2Cor.4.8-9).
Se trata de estar
quietos, y conocer quién es Dios. Porque nuestro
refugio es el Dios de Jacob (Salm.46.10-11).
Feliz sábado.
¡Y que Dios te bendiga!
Evangelista Wilda Messina
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