Josué 2.12-13 y 6.25 “Os ruego que me juréis, por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis con la casa de mi padre, de lo cual me daréis señal segura; que salvaréis la vida a mis padres, a mis hermanos, a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte. Amén.
Josué
salvó la vida a Rahab la ramera, la casa de su padre, y todo lo que ella tenía;
y habitó ella entre los israelitas hasta hoy…”. Amén.
Cuando
dos espías israelitas llegaron a Jericó, recibieron la bienvenida de
quien pasaría a ser la segunda mujer en la genealogía de Cristo.
La
Biblia no oculta que Rahab fuera prostituta, pero se convirtió en adición a
la línea mesiánica.
La
casa de Rahab fue lugar estratégico. Cuando el rey de Jericó se
enteró, exigió a Rahab que los entregara. Pero ella no lo hizo.
Rahab,
pese a ser quien era, pensó en su familia; también
expresó su fe en el Dios de Israel. “Es Dios arriba en los cielos y abajo en
la tierra” (vs11).
A
cambio de su ayuda, pidió protección a los espías, cuando Israel
triunfara sobre Jericó.
Los
muros de la ciudad cayeron, pero la familia de Rahab fue perdonada. Más
tarde, su hogar fue en Israel. Se casó con Salmón, y dio a luz a Booz
(Mt.1.5). Rahab confió en Dios.
¿Estaremos
dispuestos, como Rahab, a confiarle nuestra vida y familia a Dios?
¡Que Dios te bendiga!
Y te ayude a confiar en Él.
Evangelista
Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)
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