#3,533
“No lo digo porque tenga
escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé
vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado,
así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como
para padecer necesidad”. Amén.
¿Qué clase de vida crees que
satisface? ¿Una con pocos problemas, buena
salud, estabilidad económica, etc.? Pero esa no fue la experiencia del apóstol
Pablo.
Su vida estuvo llena de
peligros, rechazos, ataques personales, palizas y encarcelamientos, y sin embargo afirmó haber aprendido el secreto de
estar contento en toda circunstancia. La fuente de su alegría no era, sin duda,
su situación, lo cual también puede ser cierto para ti.
El secreto que él descubrió fue
enfocarse y regocijarse en el Señor. Pablo
sabía que era rico espiritualmente y que había recibido “toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1.3). Las comodidades y los placeres de esta vida no eran
dignos de ser comparados con la gloria eterna que le aguardaba (Romanos 8.18).
El contentamiento
es difícil de encontrar, aún más difícil de mantenerlo. Siempre hay algo más
nuevo y mejor que adquirir o una relación más atractiva que procurar.
Es más, las
dificultades de la vida pueden aplastarnos si no mantenemos nuestro enfoque en
el Señor. Cuando te sientas insatisfecho, recuerda lo que tienes en Cristo, y
reacciona de acuerdo con estas verdades, y no con tus sentimientos.
Muy feliz
día. ¡Dios te bendiga!
(Referencia: En.Contacto)
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