Injertados en Cristo
Juan 15.1-2, 5, 8 “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos". Amén.
El viñador planta y cuida sus vides para verlas producir uvas. Dios, nuestro
viñador, nos exhorta a dar fruto espiritual.
Él quiere que seamos más como Cristo, caracterizado por amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5.22-23).
Nuestro Padre celestial quiere asegurarse de que seamos fructíferos;
por eso, somos quitados del viejo árbol de la humanidad e injertados
en la nueva vid: Jesucristo. Cuando decidimos seguirlo, Él envía al
Ayudador a habitar en nosotros.
En el lenguaje de viñedos, la savia de la vid fluye a la rama injertada
dándole vida y capacidad de producir. Rama y vid se convierten en una
sola vida.
Cuando somos uno con Jesucristo, el Espíritu de Dios vive
a través de nosotros. Y el Espíritu puede hacer su obra solo si decidimos rendirnos a Él.
Cuando seguimos obedientemente al Señor, nuestro gozo y paz
no dependen de circunstancias; Aquél en quien estamos enraizados es nuestro gozo y paz. ¡Ese es
Jesucristo!
Feliz día.
¡Dios te
bendiga!
Evangelista
Wilda Messina
(Referencia:
TPSH310816)
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