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Pedro 1.22,24 “Habiendo purificado sus almas, por
la obediencia a la Verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no
fingido, ámense unos a otros entrañablemente, de corazón puro. Porque:
Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre es como flor de la
hierba. La hierba se seca, la flor se cae”. Amén.
Aunque
haya veces en que nos resulte un tanto difícil, estamos llamados a amar a los demás, como Cristo nos ama;
inclusive, cuando no sean amables con nosotros. Porque si nos dejáramos
guiar solo por nuestros sentimientos o impulsos naturales, solo amaríamos
a los atentos, amables, y que estén en la misma sintonía que nosotros.
Pero el
Señor Jesús nos enseña a amar, incluso cuando nos rechazan. Él lo hizo
así con nosotros. Nos amó tanto que fue a morir en una cruz, siendo nosotros
tan pecadores.
“Dios
muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo
murió por nosotros” (Rom.5.8). Basándonos en esa gratitud,
y con la fortaleza del Señor, debemos amar a todos.
“Sabemos
que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos.
El que no ama a su hermano, permanece en muerte” (1Jn. 3.14).
Aunque
ser amable con algunos te resulte difícil, serás grandemente bendecido. ¡Eso le agrada al Padre!, y Él retribuye con alegría,
paz, confianza y contentamiento inigualables.
¡Tratar
a los demás como queremos ser tratados es la clave!
Feliz día. ¡Dios te bendiga!
Evangelista Wilda
Messina
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