Hechos 27.14, 15, 18-20 “Pero entonces llegó de la isla un viento huracanado llamado el
Nororiental. La tormenta empujó al barco y no lo dejaba navegar en contra
del viento. Entonces dejamos que el viento nos llevara. Al día
siguiente, el viento soplaba tan fuerte que comenzaron a arrojar la carga
del barco al mar. Un día después, con sus propias
manos, tiraron el equipo del barco. Al ver que no aparecían ni el sol
ni las estrellas durante muchos días y la tormenta continuaba con más
fuerza, perdimos toda esperanza de salvarnos”. Amén.
La
vida no siempre sale como queremos. Incluso cuando hacemos planes según las instrucciones de
Dios, podemos encontrarnos con obstáculos. La frustración, por las
dificultades, puede llevarnos al desaliento.
En
ese viaje de Pablo a Roma, con 276 personas en el barco (vs.37), vino gran tormenta. Los marineros se
esforzaron, pero perdieron la esperanza (vs.20). Sin
embargo, nadie murió.
Dios
fue soberano sobre aquella situación, así como lo es sobre nuestras turbulencias de vida.
Aunque
sintamos desesperanza, confiemos en que el Señor obrará para nuestro bien. El mismo Dios que respondió en aquella situación, también
conoce nuestras aflicciones y responderá.
En
momentos de desánimo, tenemos dos opciones: enfocarnos en las circunstancias o en nuestro amoroso
Padre celestial. Solo Él nos sostendrá en cada desafío, como lo ha
prometido.
En el
desánimo, recuerden la fidelidad de Dios y elijan confiar en Él.
Feliz día. ¡Dios te bendiga!
Evangelista Wilda
Messina
(Referencia:
En.Contacto)
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