1 Pedro
1.7-9 “Para que sometida a prueba su fe,
mucho más preciosa que el oro, que, aunque perecedero, se prueba con fuego,
sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a
quien aman sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo ven, se
alegran con gozo inefable y glorioso; obteniendo el
fin de su fe, que es la salvación de sus almas”. Amén.
Aunque las
pruebas son dolorosas, quienes se aferran a Dios se beneficiarán de
ellas. Desde la caída en el pecado, hay
tribulaciones. Pero comprender el propósito del Señor puede traer gozo y
esperanza.
Todo
sufrimiento, en Dios, tiene el propósito de transformar a Sus hijos, conforme a la imagen de Jesucristo (2Cor.3.18). El
proceso de santificación comienza en la Salvación, y pocas cosas
moldean el carácter, como el dolor.
Dios
permite las aflicciones para poner a prueba la fe de sus hijos. Una fe probada se vuelve más fuerte y digna de
confianza. Durante los tiempos difíciles, quienes nos aferramos al Padre
celestial, lo encontraremos confiable y real.
Cuando
surja la próxima aflicción, recordemos la fidelidad de Dios durante la
prueba anterior, y sentiremos el deseo de volver a descansar en Él.
Se
aprende con libros, con historias de personas, pero es, en medio de la
dificultad, cuando se produce el crecimiento personal verdadero.
Ante los
problemas, démosle gracias a Dios por su propósito, ¡Él nos está subiendo de
nivel!
Feliz
día. ¡Dios te bendiga!
Evangelista Wilda Messina
(Referencia:
En.Contacto)
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