Nehemías 2.2-4 “Me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos”. Amén.
Te invito a leer Nehemías capítulo 2.
Viendo la vida de Nehemías, él tenía razones para sentirse derrotado, luego de saber que su ciudad, que tanto amaba, Jerusalén, había sido destruida. Él calló en profunda decepción y se afligió. Pero decidió clamar al Señor.
Como los reyes no eran personas piadosas que digamos, Nehemías oró por una respuesta compasiva, y el Señor respondió de manera asombrosa. El rey notó la tristeza de Nehemías, y le preguntó ¿cómo podía ayudar?
Esto, condujo a la reconstrucción del muro y a la redención del pueblo de Dios. ¡Es que el Señor tiene el poder de transformar cualquier situación!
¿Vives con la expectativa de lo que Dios puede hacer, o has elegido la desesperación?
Cuando todo lo veas perdido, aún hay esperanza, ¡Dios sabe cómo obrar! Es bien cierto que el desánimo roba la paz, el gozo y el contentamiento, pero si te sientes desanimado, hay una excelente noticia: ¡no estás acabado!
Como Nehemías, convierte tus desalientos en súplicas al Señor. Él sí que sabrá cómo actuar, ¡y darte paz en el proceso!
Feliz día. ¡Dios te bendiga!
Evangelista Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)
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