LUCAS 10.38-41 “Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas”. Amén.
Debemos esforzarnos por
escuchar a Dios cuando habla. Sabemos a gran certeza
que es posible “oír” cada palabra de un sermón, sin escuchar en realidad ni
una palabra de Dios.
Existen dos tipos de
oyentes en las iglesias: los pasivos y los activos.
El oyente pasivo está
presente, pero solo se sienta y deja que su mente divague. Observa
todo a su alrededor, socializa con la gente, hace planes diversos. Por lo
tanto, no puede escuchar al Señor.
El oyente activo entra al
santuario entusiasmado por todo lo que aprenderá. Este
cristiano está listo para captar la esencia del mensaje. Toma todas las notas
posibles, tratando de no perderse nada. Y se pregunta: ¿Qué me quiere
decir el Señor en mi?
Dios sabe comunicarse de
muchas maneras, por eso, cuando hable, escuchémosle
activamente. Si tu mente divaga,
durante cualquier parte del servicio en tu congregación, tal vez estés
escuchando de forma pasiva.
Dios te ayude a enfocar
tus pensamientos, y a hacer la conexión, para que puedas ser un más que bendecido oyente activo.
Muy feliz día. ¡Dios
te bendiga!
Evangelista Wilda
Messina
(Referencia: En.Contacto)
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