2 Timoteo 4.9-10, 14-17 “Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Alejandro, el calderero, me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras. En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas…”. Amén.
El apóstol Pablo, como prisionero en Roma, fue decepcionado. De las
muchas personas cuyas vidas había tocado, no dijeron presente para
apoyarlo, ante sus defensas. Quizás
había razones lógicas, pero fue muy doloroso.
En los tribunales romanos, los testigos solían ser vistos como cómplices,
y podían compartir la suerte del acusado. Otra razón, algo sutil, y con
la que muchos creyentes de hoy pueden identificarse es la siguiente:
De un Pablo, gigante espiritual cuya fe parecía inquebrantable, tal
vez pensaron que no necesitaba ayuda ni apoyo. ¿Estaremos nosotros teniendo
esa percepción con nuestros pastores, maestros de la Biblia y otros
líderes espirituales?
¿Seremos de los que piensa que, por la madurez espiritual,
tenemos que dar por
sentado que se puede enfrentar todo lo que venga sin necesitar ayuda? ¡Qué triste es pensar así!
Pablo sabía que Dios cuidaría de él, pero, aun así, deseaba un amigo, que le diera aliento.
Como creyentes y hermanos en la fe, estamos llamados a cuidarnos, apoyarnos
y ministrarnos unos a otros. ¡Recordémoslo!
¡Dios te bendiga!
Evang. Wilda Messina
(Referencia: En.Contacto)
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