2 Pedro 1.4 “Así, nos dio promesas preciosas y valiosas; confiando en ellas, ustedes serán semejantes a Dios y podrán escapar del mundo, el cual será destruido a causa de los malos deseos de los seres humanos”. Amén.
Mientras esperamos que Dios actúe, pidámosle que nos ayude a crecer en fe, obediencia y paciencia.
Las promesas de Dios son
preciosas. Nos recuerdan su
interés personal en nuestra vida, también nos brindan esperanza y aliento
durante tiempos difíciles.
Antes de aplicarnos una promesa, examinémonos en tres áreas: Fe, obediencia y paciencia.
1. Confiando en Cristo
como Salvador personal.
2. Obedeciendo a Dios. Acción sumamente necesaria para reclamar las
promesas condicionales.
Y 3, cultivando la paciencia. Porque Dios obra a su tiempo, de acuerdo con sus propósitos y plan perfecto.
El Espíritu Santo sabe cómo edificar nuestra fe, darnos las fuerzas necesarias para obedecer, y desarrollar en nosotros el fruto de la paciencia. Esas tres cualidades son sumamente necesarias para ayudarnos a esperar mientras Dios cumple sus promesas.
2 Pedro 3.9 nos recuerda que: No es que el Señor se tarde en cumplir lo prometido, como piensa la gente. Lo que pasa es que Dios es paciente, porque no quiere que nadie sea destruido, sino que todos cambien su vida y dejen de pecar.
Feliz día. ¡Que Dios te
bendiga!
Evangelista Wilda
Messina
(Referencia: En.Contacto)
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