Mateo
26.41 “Velad y orad, para que no entréis en
tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es
débil”. Amén.
Todos,
sin excepción, somos tentados. No
importa cuán firme sea la fe o cuánto tiempo se haya caminado con Cristo, nadie
está exento.
A veces la
tentación llega como una voz suave; otras, como una presión
abrumadora en la mente. Sabemos lo que se siente. Pero ¿estamos claros
al definir qué es la tentación?
Aterrizándolo
un poco, podemos decir que es la invitación a llevar un deseo, más allá de
los límites establecidos por Dios.
¿Pudieras
analizarte ante las siguientes preguntas?
¿En qué
áreas enfrentas tentaciones con
mayor frecuencia?
¿En lo
material?
¿En las
relaciones?
¿En la
comida?
¿En el
sexo?
¿U otros?
Todas esas
son bendiciones que Dios creó con propósito, y a través de las cuales también
busca bendecirnos. El problema no radica en las áreas de deseos en
sí, sino en sacarlas de contexto y cruzar los límites saludables que Dios ha
diseñado.
Una de
las estrategias principales del enemigo es distorsionar un deseo santo.
Siempre
que enfrentes alguna tentación, pídele al Señor, en primer lugar, que
te recuerde de dónde vino ese impulso. Luego, pídele fortaleza para no
ser engañado o “extraviado” de la fidelidad a Cristo.
Sucumbir
a las tentaciones puede acarrear problemas, tristezas y hasta la muerte, en especial la eterna. ¡Cuidadito! Solo tú eres
culpable.
Feliz
día. ¡Dios te ayude y te bendiga!
Evangelista Wilda Messina
(Referencia:
En.Contacto)
No hay comentarios:
Publicar un comentario