Mateo 14.29-30 “Y Él (Jesús) dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !Señor, sálvame!”. Amén.
Veamos lo siguiente: Suena tu teléfono, vas y contestas. Una voz
triste informa de una tragedia. Tu corazón se aflige por la angustia. ¿Qué
haces?
Ante malas noticias, peligro, dolor, etc., es de esperar
que corramos a buscar ayuda. Como creyentes, lo más normal es que nos apoyemos en Dios, Él es capaz
de ayudar, sin importar situación.
Clamar es la manera en que los hijos de Dios expresamos nuestra confianza en su
poder y voluntad. Es hablar con sentimiento profundo, acerca de una gran
necesidad. Dios nos invita a usar esa forma de oración para comunicarle que
necesitamos de su misericordia.
Se necesita fe y humildad para expresar, sinceramente, la
inquietud de corazón. Al invocar a Dios con urgencia, también destronamos nuestro orgullo y
nuestra autosuficiencia.
¡El Padre celestial escucha tu clamor y responde! Cuando clamas por ayuda, en el nombre de
Cristo, lo invitas a Él a tomar el control de la situación.
Cuando clamamos a Dios, Él puede quitar tu problema de
inmediato o permitirlo por un tiempo… para llevar a cabo sus propósitos. Pero, en
medio de esa circunstancia, nos dará Su paz.
¡Que Dios te siga escuchando, ayudando y bendiciendo!
Feliz día.
Evang. Wilda Messina
(Referencia: TPSH300718)
No hay comentarios:
Publicar un comentario